Corrupción en la PNP, por Eduardo Herrera

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Los descubrimientos recientes de escándalos en la PNP, como dije hace algunos días en twitter, no son novedad. La corrupción en la PNP es sistémica, democrática e inclusiva. Hay para todos.

Ahora que ya no hay problemas en la fase previa (porque ya no hay necesidad de concurso), se revela el golpe más potente que puede dar la corrupción: la sobre valoración de precios en épocas convulsionadas (cuando se supone que esto no debería de pasar). Pregúntese cuántos de estos tratos inflados se producen en condiciones normales y sin que nadie se percate.

Solamente una anécdota para que echen pluma. Un día una persona que conocí en el pasado asumió una jefatura en la PNP. A los treinta días de asumir el cargo, un subalterno llegó a su oficina con un maletín. Había más o menos, cien mil soles, según me contó. Era el resultado de todo lo recaudado en su territorio. “Chapé no más”, me dijo. La corrupción en la PNP tiene la estructura de pirámide, se construye desde abajo hacia arriba y todos se mojan. Hace unos días escuché a un ex Viceministro aceptarlo. Me dio mucha pena porque o recién se dio cuenta de esto (cosa que dudo) o simplemente miró al costado -y no hizo nada- durante su gestión.

Las compras infladas, los gasolinazos, las contrataciones fantasmas, los pagos de cupos para mantener cargos son cosa cotidiana y habitual. La fila es larga. La corrupción tiene en la PNP casi todas las modalidades posibles y es difícil escapar, o te alineas o pasas a ser un “monse”. Por eso, no debe extrañarnos que los de debajo de la estructura también vivan pensando en cómo “recursearse”. De ahí las batidas o esas intervenciones sospechosas a cualquier auto para pedir documentos (y no me refiero a esta época).

Ante el escándalo reciente el nuevo Ministro anunció medidas. Todas reactivas. Típica actitud de una autoridad que, podría tener buenas intenciones, pero que no sabe qué hacer y solamente tiene la necesidad de mostrar algo de actividad. Por ejemplo, el Ministro dijo que iba a repotenciar las Inspectorías. Doble error: las Inspectorías de la PNP siempre han actuado ex post y, además, nunca, nunca, nunca han producido un informe potente que sirva para destapar un caso relevante, solo pasan piola. El problema con eso, entre otros es que, esencialmente, no tienen independencia y sucumben ante el “espíritu de cuerpo”.

Luchar contra la corrupción en la PNP es como intentar comerse un elefante (al igual que pasa, por ejemplo, con el Poder Judicial). Un elefante además que se cree autárquico. Que te dice mírame y no me toques mientras sigue pisoteando por todos lados.

Consejo: al elefante no te lo comes entero, te lo comes por pedacitos. Aquí mi propuesta:

  • Crear una comisión independiente con plenos poderes. No una típica comisión que haga un informe muy bonito y teórico. Una comisión con un responsable. Con capacidad de hacer cosas y autonomía. Con metas y exigencia de resultados.
  • Mirar las normas existentes que se han creado y ver si sirven de cara a la prevención de la corrupción. La prioridad es prevenir. Para sancionar está el sistema de Justica (interno a la institución y externo). Si faltan normas crear normas, crear solo las indispensables.
  • Hacer “enforcement”, por un órgano lo más independiente posible (porque otorongo no come otorongo). No me refiero a la típica respuesta pasiva como lo ocurrido en este caso, el enforcement debe buscar generar casos habitual y activamente para que motiven disuasión en todos los lados de la pirámide (disuasión arriba y abajo).
  • Educar. Este es el punto más sensible de todos y al que casi nadie le tiene fe (en líneas generales podría decirse). Educar sobre los límites de la responsabilidad (por ejemplo, cuando el superior renuncia a supervisar al subordinado), educar en las consecuencias (qué pasa si cometes corrupción), fomentar a la ética aplicada, etcétera.

Todo esto hay que hacerlo estratégicamente, por pedacitos (por sectores), dando los golpes correctos, en equilibrio y de modo permanente.

No es difícil, simplemente hay que empezar ya y tener cierto grado de atrevimiento. Romper el molde que subsiste porque reformar cuesta trabajo y puede generar enemigos. Por eso es crucial estar dispuesto a pelearse con varios a los cuales le incomodarán los cambios. No importa.

Tengo el convencimiento que existen buenos policías, de buen oficio. Lo que pasa es que se dejan vencer por el sistema. A mí me pasó, lo comprendo. Esto sucede hasta que una masa crítica se rebela contra la corrupción, una masa que tenga ponga por encima a la institución y que sepa que, a pesar de todo, el uniforme no se mancha.

 

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