[OPINIÓN] Creer en el Perú

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Nuestro editor de Política ha planteado el debate en torno a si el Perú está jodido o no. A decir verdad, lo está en muchos aspectos que no advertimos pero a la vez tiene tanto potencial y gente tan emprendedora que uno ve lo positivo.

Si de un lado la economía ha crecido en los últimos años y muchas ciudades se han modernizado, hay áreas en las que las cosas han ido para atrás: civismo, política, educación, diálogo y trabajo en equipo por mencionar algunas.

Mi amigo Marco Nieto, que vive en Europa hace ya unos años, se pronunció en mi muro de Facebook precisando que el Perú no está jodido sino secuestrado. Yo pienso que está secuestrado por la peor gente, la que actúa sin escrúpulos, sin ningún ideal sino por intereses, por aquellos que no tienen nada que perder y utilizan a la política para enriquecerse, no para servir a los demás. Este secuestro del país ha sido asentido por las élites.

Mi generación–salvo pocos valientes–ha sido bastante irresponsable en lo que a la vida política se refiere. No solamente se ha dejado en manos de los peores el sector político, sino que existe hasta hoy una gran indiferencia en torno a lo que hacen congresistas, ministros y alcaldes.

Si uno decide hacer política es automáticamente catalogado de loco, de irresponsable o de oportunista. Con honrosas excepciones, la política no es entendida en su real dimensión: como una actividad noble que tiene por objeto servir a los demás y ayudar a la comunidad de la que uno forma parte.

La falta de compromiso de las personas mas preparadas y acomodadas ha hecho que las cosas estén como están. Es contradictorio porque aquellos que teóricamente podrían aportar más al país son los mismos que se quejan sobre lo difícil que es gobernarlo, mantener el orden o promover las inversiones y el desarrollo.

En nuestro país se producen situaciones que no se dan en otros lugares del mundo. La baja autoestima de muchos peruanos y la débil institucionalidad permite que la televisión siga emitiendo fundamentalmente programación basura, que pocos respeten las normas de tránsito, que los consumidores no estén debidamente informados sobre los bienes y servicios que se comercializan y que el sistema de justicia siga siendo tan corrupto e ineficiente como hace diez o veinte años.

Para que las cosas mejoren radicalmente es necesario que todos nos involucremos. El cambio se inicia en nosotros mismos. En el terreno de la política está todo por hacer. El pueblo reclama una renovación y líderes verdaderos que tengan la capacidad de convertir al Perú en un país moderno, inclusivo y tolerante. Sin embargo, la crítica y no la acción es lo que prevalece.

El día en el que–como los norteamericanos–entendamos el verdadero sentido del patriotismo, las cosas podrán mejorar en el Perú. Una de mis frases preferidas es la que pronunció John F. Kennedy: “No te preguntes qué puede hacer tu país por ti. Pregúntate qué puedes hacer tú por tu país”.

El Perú tiene múltiples problemas. A ver si en lugar de quejarnos hacemos realidad el cambio que la mayoría queremos en nuestro país.