¿Criar con ciencia?, por Fabrizio López De Pomar

«Un estilo de crianza es el conjunto de prácticas, creencias y actitudes que tienen padres y madres sobre el desarrollo de sus hijos/as.»

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No existe una escuela para padres”. “Eso no se puede enseñar, se aprende en el camino” Tómense estas líneas para responder si acaso es posible una guía de crianza, o una escuela donde se enseñe a ser papá o mamá. La ciencia se pronuncia sobre diversos aspectos de la realidad: la física de materiales, genética de enfermedades, biología marina, exploración espacial, entre muchos campos más. ¿Tiene algo que decir la ciencia sobre la crianza? En este texto exploraremos con prudencia qué cosas se pueden indicar (y qué cosas no) sobre los estilos de crianza gracias al estudio científico de la misma.

¿Se puede estudiar “científicamente” la crianza?

Esa es una buena pregunta, que nos puede llevar al reino de la filosofía, por decir lo mínimo; sin embargo, acá intentaré responderla brevemente. Estudiar algo científicamente implica: 1) poner atención a ese “algo” que queremos estudiar (una roca, una galaxia, una célula, una conducta, etc.); 2) definir ese objeto de estudio; 3) proponer una metodología revisable de cómo se va estudiar o resolver la pregunta de investigación que hemos generado. Y me detengo en este tercer punto clave para entender “un estudio científico” de algo; en nuestro caso, el fenómeno de la crianza.

Es su metodología lo que hace de la ciencia nuestra mejor herramienta para conocer el mundo natural y social, con todos los sesgos humanos que esto pueda incluir. A propósito de sesgos, como toda actividad humana, la ciencia (o sus científicos/as) no está libre de sesgos; sin embargo, el hecho que un proceso científico de calidad demande transparencia en todos los pasos de investigación es lo que genera un mecanismo de detección y reducción de sesgos, lo cual le da el status especial que tiene. Entonces, ¿se puede estudiar científicamente la crianza? la respuesta es sí, y la principal disciplina científica a cargo es la psicología.

Estilos de crianza: definición y desarrollos

Un estilo de crianza es el conjunto de prácticas, creencias y actitudes que tienen padres y madres sobre el desarrollo de sus hijos/as. La manera en la cual ejerzan ese estilo de crianza va a influenciar principalmente en su desenvolvimiento social (y en otros factores más, de acuerdo a las investigaciones) Desde que la pionera, Diana Baumrind, exploró las conductas parentales, el campo viene identificando dos ejes importantes: la calidez y disciplina parental (y sus respectivos niveles altos y bajos). Estas combinaciones permiten identificar cuatro estilos de crianza: estilo autoritario, permisivo, negligente y autoritativo (ver Figura 1).

  • Estilo autoritario: caracterizado por niveles altos de disciplina o exigencia, y niveles bajo de calidez. Aquí el padre o la madre tiende a ejercer mayor control sobre las conductas de sus hijos/as, descuidando el ámbito emocional al priorizar las normas y disciplinas por encima de las muestras de afectos y autonomía.
  • Estilo permisivo: Caso contrario al anterior, aquí los niveles de calidez son altos, pero los niveles de disciplina son bajos. En estos casos la crianza estimula bastante lo afectivo, pero no define bien los límites, descuidando así una necesaria disciplina y respeto por la autoridad o normas de manera que hagan funcional al hijo/a en el futuro.
  • Estilo negligente: Caracterizado por niveles bajos de afecto y niveles bajo de disciplina. Este tipo de crianza puede ser considerada, coloquialmente, como un estilo “desinteresado”, “indiferente” con las necesidades psicológicas básicas de los hijos.
  • Estilo autoritativo: Caracterizado por niveles altos de afecto y niveles altos de disciplina. Este estilo integra el cuidado de las emociones al mismo tiempo que establece límites y respeto por las normas.
Figura 1

Reuniendo las definiciones de estos cuatro estilos y las investigaciones más recientes con respecto a sus impactos en el desarrollo infantil y adolescente, se pueden llegar a algunas afirmaciones que permiten orientar el ejercicio parental.

Se puede señalar que estilo autoritativo es el estilo de crianza que genera mayor salud mental en los hijos e hijas, al propiciar un mejor desarrollo socioemocional y moral (conductas altruistas) producto de atender sus necesidades afectivas, siendo cálidos en el trato, sin descuidar la importancia de los límites, buscando desarrollar su autonomía, su capacidad de pensar críticamente y expresarse sin miedo a represalias. Así también, los hijos criados bajo un estilo autoritativo tienen a presentar una mejor autorregulación emocional, lo que tiene repercusiones favorables en muchísimos ámbitos de su vida académica, social y personal. Por el contrario, un estilo de crianza autoritario está vinculado con desarrollos poco saludables en las mismas áreas, debido al gran control que ejercen sobre los hijos, condicionando mucha de sus conductas por el castigo o temor al maltrato, reduciendo así la autonomía y expresión saludable de las emociones y opiniones.

Lo que estos hallazgos nos dicen es que, a lo largo de las décadas, se viene identificando con claridad qué tipos de cuidado parental están generando personas más sanas psicológicamente, las cuales en un futuro muy probablemente tengan el mismo estilo de crianza sobre su posterior descendencia. Ahora bien, conocer los avances de la ciencia en el ámbito de crianza no debería interpretarse como “criar con un manual a la mano”. Esto podría llevar a una rigidez contraproducente. Lo que la ciencia de la crianza nos ofrece son pautas que vienen siendo corroboradas en distintas poblaciones del mundo (edades, género, cultura). Ojo, esto es importante para saber integrar la evidencia científica en la vida cotidiana. La ciencia de la crianza va corroborando conocimientos tradicionales (cuando es el caso), pero los organiza y explica de una manera ordenada y revisable, y a la vez, tiene el potencial de descubrir nuevas cosas que una psicología intuitiva o popular puede dejar escapar.

Estos frutos de la atención científica a la crianza permiten tener una suerte de guía, la cual debe adaptarse al propio mundo familiar. Es como tener una brújula para el desarrollo psicológico saludable de los hijos. Ahora sabemos qué tipos de tratos funcionan mejor que otros. No estamos a oscuras, aun cuando falte mucho por desarrollar. Es en este sentido que sí se puede criar con ciencia, y a la vez conscientes que la crianza implica un aprendizaje cotidiano donde se integra los conocimientos expertos y el trabajo personal que cada papá y mamá debe hacer para ser el mejor ejemplo (humanamente posible) de sus hijos/as.

Conclusiones

La crianza es un desafío grande por la responsabilidad y efectos que eso trae. Durante mucho tiempo, como otras prácticas humanas, la crianza ha sido orientada por el ensayo y error, junto con tradiciones. En ese contexto, sugerir una escuela para padres podría haber sonado incoherente. Hoy en día el avance científico ofrece ciertas luces, y como acá se ha visto, los primeros productos de esta aproximación son los cuatro estilos de crianza mayormente identificados. Esto permite contar con una brújula para el desarrollo psicológico saludable, a la vez que permite reconocer que criar es una práctica que no debe ser rígida, aun cuando vayamos contando con pautas, pues se trata de un trabajo de jardinería en el cual el padre o la madre debe aprender a adaptarse al contexto familiar y personal del hijo/a. La crianza seguirá siendo prácticamente un arte, pero no está desprovista de aportes científicos.

 

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Bibliografía

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