Crisis de lenguaje, por Daniella Paredes

«El término “golpista” es, quizás, el caso que demuestra este modus operandi en su totalidad. En primer lugar, esta palabra se utiliza para descalificar a toda persona que tome una acción en contra del gobierno de turno, como es el caso de la vacancia por incapacidad moral».

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Hoy en día, el Perú no solo afronta una crisis política, sino también de lenguaje. Tras la moción de vacancia presentada por la congresista Patricia Chirinos, los argumentos en contra afloraron de manera casi instantánea. Sin embargo, la mayoría de estos carecen de fundamento y evitan, a toda costa, evocar a la razón.

El elemento clave para hacerlo es la retórica. Si bien la herramienta como tal no es perjudicial, su uso puede llegar a serlo. El partido “Juntos por el Perú” es el claro ejemplo de cómo esto se usa únicamente para engañar a la población. Su estrategia comunicativa se remite en dos elementos: influir en las emociones y argumentar desde lo particular a lo general. A esto se le suma también la distorsión deliberada de conceptos para generar impacto o controversia.

El término “golpista” es, quizás, el caso que demuestra este modus operandi en su totalidad. En primer lugar, esta palabra se utiliza para descalificar a toda persona que tome una acción en contra del gobierno de turno, como es el caso de la vacancia por incapacidad moral. Pero, si ahondamos en la definición, encontramos que es alguien que lidera o participa en un golpe de estado, mas no alguien que fiscaliza o critica al ejecutivo.

Además, hay que recordar que un golpe de estado es la toma repentina e ilegal del poder. Sin embargo, desde la vacancia de Martín Vizcarra, un grupo de políticos ha hecho de este caso particular la norma y, quien quiera que promueva una vacancia, es automáticamente “golpista”. Otro argumento recurrente es el de “preservar la gobernabilidad”. Nuevamente, partamos del concepto: la gobernabilidad es la capacidad de gobernar. Entonces, antes de querer protegerla, hay que preguntarnos si en el gobierno actual verdaderamente existe.

La manipulación de la palabra no responde a la verdad, sino a los intereses personales de ciertas personas. Esto se materializa en el discurso político actual, en el que lo dicho carece de significado, pero genera un impacto capaz de transformar el pensamiento e incluso el comportamiento. Somos vulnerables cuando nos limitamos a repetir frases vacías y no las analizamos a fondo.

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