¡Crisis de personas!, por Alfredo Gildemeister

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Alguna vez lo dijimos y repetimos hasta el cansancio: esta crisis en las instituciones y poderes del Estado generada por la corrupción no constituye un problema legal que se resuelva con nuevas leyes o con una nueva comisión ad-hoc tipo Lava Jato o cosa por el estilo; se trata de una crisis de personas, así de simple y de complejo es el problema. Ya lo dijo alguna vez San Juan Pablo II: “El hombre no puede separarse de Dios, ni la política de la moralidad”. Efectivamente, la política sin moralidad, sin principios ni valores, deja de ser verdadera política y se transforma en un actuar deshumanizado, egoísta y sin sentido, concluyendo en un desastre sin futuro alguno. Continuamos viendo como caen casi a diario políticos, jueces, ministros y exfuncionarios de primer nivel como expresidentes de la República, ministros, excongresistas, empresarios, etc.

¿Qué ha sucedido? ¡Qué está sucediendo! Pues que estos funcionarios separaron la política de la moralidad. Hicieron política sin respetar principios, valores, etc. con lo cual, ante la falta de principios, cayeron fácilmente en corrupción, originando determinadas acciones que adicionalmente, perjudicaron al país puesto que una política sin principios ni valores afecta al bien común de la sociedad civil, puesto que la corrupción admitirá, por ejemplo, nombramientos de funcionarios amañados, contratos sobrevaludados, defectuosos, mal elaborados, engañosos, tremendamente fraudulentos, jueces, fiscales y funcionarios comprados, etc., todo lo cual es perjudicial para el país y para todos los peruanos. Sin embargo, esto no ha terminado puesto que esta clase de “funcionarios” y “políticos” continúan “trabajando” en las instituciones y poderes del Estado. Existe una falta absoluta de honestidad, principios y valores en el sector público. Habrán excepciones, pero que esto es una especie de gangrena que va pudriendo silenciosamente a las instituciones y poderes del Estado, es un hecho.

Lo paradójico es que hoy la honestidad se ha vuelto, inclusive, parte de la oferta electoral. Efectivamente, ¿alguno recuerda al candidato Kuczynski cuando declaraba: “apostemos por el cambio, con gente honesta y preparada para asumir el destino del país… menos palabras, más trabajo y sobre todo honestidad… Trabajaré de manera honesta y sin cutras”? Ofrecer “honestidad” en las campañas no es novedad. En los años ochenta, un slogan muy publicitado del entonces candidato Fernando Belaúnde, decía: “Honestidad comprobada”. Así mismo, en la campaña presidencial de 1990 del aún desconocido candidato Alberto Fujimori, se recuerda la famosa oferta de “honestidad, tecnología y trabajo”. ¿Recuerdan la campaña presidencial de Lourdes Flores cuando ofrecía honestidad? Digo yo: ¿No es obvio que todo candidato a un cargo público debería ser honesto? ¿No es casi un insulto a los peruanos que un candidato ofrezca honestidad y trabajar sin “cutras? Y miren como terminaron Fujimori y PPK, por mencionar solo estos dos personajes.

El problema pues radica fundamentalmente en la persona y en su conciencia. Una persona que carece de formación ética, que carece de valores, principios y virtudes, por ejemplo, está expuesta a caer tarde o temprano en determinados vicios y a realizar actos malos. De allí que lo que necesitamos son personas virtuosas en la política. La crisis que atraviesa el Perú es una crisis de personas virtuosas pues ¡Faltan personas virtuosas en la política peruana! Así de simple. La clase política se ha visto invadida por personas que carecen de virtudes, valores y principios, lo cual origina que un funcionario caiga en vicios y cometa delitos como los de corrupción, robo, hurto, lavado de activos, defraudación tributaria, etc.  Por lo tanto, esta crisis de valores por la que atravesamos solo se solucionará reemplazando a los funcionarios corruptos con hombres y mujeres virtuosas, esto es, con personas que practiquen virtudes en su vida diaria, en su trabajo, en su familia, en sus relaciones sociales, etc. No hay otra alternativa. Así de simple y claro.

Los recientes audios difundidos de conversaciones entre jueces supremos y miembros del Consejo Nacional de la Magistratura, constituye una muestra más de la gravísima crisis por la que viene atravesando nuestro país y demuestra, así mismo, que esta crisis de personas es la que acarrea las crisis en las instituciones y poderes del Estado. Sin embargo, al presidente Vizcarra no se le ha ocurrido mejor idea que crear una Comisión -otra comisión, sí- de “Reforma del Sistema de Justicia”, la cual debe presentar sus recomendaciones en un plazo de doce días. Ante la inseguridad, falta de liderazgo y falta de toma de decisiones del presidente, le tira la pelota del problema -al mejor estilo del Mundial Rusia 2018- a una comisión ¡Seguimos creyendo en las comisiones como si por arte de magia éstas fueran a resolver la terrible corrupción imperante en el país! ¿Acaso una comisión de supuestos virtuosos “modelos de moralidad” va a “convertir” ipso facto en honestos, a cuanto fiscal, juez o político corrupto existe en las instituciones públicas? ¿Peor aún cuando varios de estos “modelos de moralidad” tienen un claro sesgo ideológico e intereses privados en la cuestión? ¡No seamos ingenuos por Dios! ¡A la yerba mala se la arranca de raíz, con decisiones de fondo y no con comisiones ni con leyes o buenos deseos, discursos o golpes de pecho!

A este paso solo nos quedará invocar a Diógenes para que con su linterna busque personas honestas y virtuosas en nuestro país. Definitivamente a la corrupción se la combate desde el interior del ser humano, formando personas virtuosas desde niños. De allí que ¡A llenar la política, instituciones y poderes del Estado con personas honestas y virtuosas que sí las hay y muchas! Verán como las cosas comienzan a cambiar… ¿Qué suena idealista y soñador? Pues como decía Chesterton… “A cada época la salva un pequeño puñado de personas que tienen el coraje de ser inactuales”. Quizá soy inactual y por lo mismo, como los salmones, voy a contracorriente. Si para salvar una vida, se ha que cortar el miembro gangrenado, no quedará otra. Es cuestión de decisión, pues esta situación no puede continuar así.

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