Crisis en Latinoamérica III: Elecciones de Bolivia, por Daniel Ku Hop

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Octubre del presente año, ha sido un mes con muchas complicaciones para Latinoamérica. Lleno de movilizaciones, revueltas y protestas nuestra región se ha visto afectada, nuevamente, por fenómenos políticos y económicos que cambiarán el rumbo de algunos de nuestros países vecinos. Para poder informar de la manera más concisa posible, me he propuesto escribir 3 artículos en los que buscaré consolidar la información que se requiere para entender los acontecimientos suscitados en 3 de nuestros países vecinos: Chile, Ecuador y Bolivia.

Crisis en Latinoamérica I: el Metro de Chile, por Daniel Ku Hop

Crisis en Latinoamérica II: el combustible en Ecuador, por Daniel Ku Hop

Este último domingo se dieron en Bolivia las esperadas elecciones presidenciales. A diferencia de otros años, esta vez los ánimos en la sociedad civil estaban más caldeados que en comicios anteriores. Si bien la población asistió a votar sin mayores inconvenientes, desde la campaña electoral de Evo Morales (quien parece haber utilizado recursos públicos para financiarla) ya se venían dando algunos indicios de que estas elecciones tendrían un tono algo diferentes.

Para entender, el porqué de la indignación ante estas elecciones y cómo es que Evo Morales ha llegado a gobernar el país por casi 15 años es necesario remontarnos a Diciembre del 2005, año en el que, con el 54% de los votos, Morales fue electo Presidente de Bolivia por primera vez. Desde el inicio de su gobierno en 2006, el militante del partido MAS, presionó al Congreso boliviano para la creación de una nueva Constitución, que, en Octubre del 2008 consiguió ser redactada y aprobada. Dentro de esta nueva Constitución se incluyó un artículo que permitía la reelección presidencial. Lo que significaba que, al finalizar su primer periodo (2006-2010), Morales podía reelegirse en los comicios del 2009 y conseguir gobernar durante un segundo periodo que ahora duraría no 4 sino 5 años (2010-2015). Como era de esperarse, el MAS ganó esas elecciones con un aplastante 67% y Evo consiguió ese ansiado segundo periodo. Durante este segundo gobierno, diversas autoridades bolivianas se aseguraron de preparar el terreno para una «segunda reelección» afirmando que el primer periodo de Morales (2006-2010) no contaba porque era parte de una Constitución anterior y, por tanto, él podía participar de las elecciones a darse en Octubre del 2014. «Sorpresivamente», Evo participa en estas nuevas elecciones y gana con un 63% de los votos asegurándose un tercer mandato (2015-2020).

Es con este cúmulo de sucesos políticos y electorales que llegamos a este tercer mandato de «presidente vitalicio» Evo Morales. Durante este período, en Febrero del 2016 para ser específicos, el gobierno de Evo Morales realizó un referéndum en que le hizo la siguiente pregunta al pueblo boliviano: «¿Usted está de acuerdo con la reforma del artículo 168 de la Constitución Política del Estado para que la Presidenta o el Presidente y la Vicepresidenta o el Vicepresidente del Estado puedan ser reelegidas o reelegidos por dos veces de manera continua?». La ciudadanía, con un ajustado 51.3% respondió con un dubitativo NO. Sin embargo, haciendo nuevamente gala de sus «dotes» políticos, Morales orquestó una nueva artimaña. Junto con su partido, Evo presentó un «recurso de inconstitucionalidad» al Tribunal Constitucional Boliviano asegurando que el artículo que limita a una persona a gobernar como máximo 2 periodos consecutivos «atentaba contra sus derechos políticos y los de todos los ciudadanos». Nuevamente, «para sorpresa de todos», el Tribunal Constitucional decide fallar a favor de Morales y declarar inconstitucionales a todos los artículos de la Constitución que limiten la cantidad de mandatos que un ciudadano puede gobernar en todo cargo público.

Como es entendible, esta nueva treta política de Morales (que se suma a un largo historial de artilugios) causó una fuerte indignación en la población, lo que nos lleva a las elecciones de este pasado Domingo 20 de Octubre. Morales se enfrentaba nuevamente a su mayor contendiente político, Carlos Mesa que, como recordarán fue el último presidente electo en gobernar Bolivia hasta que llego Evo. Mesa, en su mejor campaña desde su elección allá en los comicios del 2002, no conseguía, al 83.76% de los votos contados, superar a Morales. Sin embargo conseguía un hito histórico, que Morales no superase el 50% de los votos ni obtuviese más de 10% de diferencia con el segundo puesto (solo tenía un 7.9% más). Ello significaba que ambos tendrían que ir a una segunda vuelta en la que, muy probablemente, Mesa saldría victorioso. Sin embargo, ante la mirada atónita de un país entero, el Tribunal Electoral Boliviano decidió suspender sin previo aviso el conteo de los votos (y la transmisión del mismo) durante casi 24 horas. Con la reapertura del conteo, el Tribunal Constitucional anunció que, al 95% de los votos contados, Evo Morales ya superaba a Mesa con un 10.01% de los votos y, por tanto, estaba cerca de ser presidente. Tras este anuncio, el enojo popular se apoderó de las calles e iniciaron las violentas movilizaciones que han llenado nuestras pantallas y las de todo Latinoamérica en los últimos días.

La OEA se ha pronunciado anunciando que sus observadores le informaron no solo que había habido uso de recursos públicos durante la campaña de Evo Morales, (lo que de por sí desmerece las cualidades democráticas de los comicios) sino que también se encontraban preocupados por el “cambio inexplicable en la tendencia difícil de justificar”. A pesar de que aún no ha habido una discusión acerca de este tema en la Asamblea General de la OEA, este anuncio de por sí ya desacredita las cualidades democráticas de una elección potencialmente fraudulenta que beneficia a un candidato históricamente amañador.

Latinoamérica es una región que ha pasado ya por mucho y esta no es la primera vez que un presidente se quiere convertir en un “dictador constitucional”. La historia nos dice claramente que estas experiencias jamás han terminado bien en el pasado y esta, seguramente, no será la excepción. Es cierto que Bolivia es un país que ha crecido mucho pero el desarrollo a expensas de la democracia, jamás debe ser justificado. Fuerza para Bolivia.