Crónica de Navidad, por Verushka Villavicencio

«Tú que lees esta pequeña crónica puedes elegir creer o no. Sin embargo, lo más importante es dar al otro una muestra de nuestra humanidad. Estoy segura que lo haces. ¡Feliz Navidad!».

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Vivimos sumergidos en una gran contradicción: aceptar que existe un Dios que prefiere nacer pobre o negar su existencia disfrazando la Navidad como fiesta de paz y amor. Cada quien decide. En mi caso, preferí mirar la necesidad a mi alrededor para encontrar una respuesta humana. Alcé mi mirada a los cerros de la metrópolis.

El año pasado conocí a Analí Yupanqui, dirigente del agrupamiento Familiar Vista Hermosa en Pamplona Alta, San Juan de Miraflores. Ella junto a un grupo de mujeres crearon una Olla Común para dar de comer a sus hijos y a los ancianos de la zona, en medio de la pandemia. Más de 130 personas, de lunes a viernes, recibieron almuerzo, preparado con leña y con la colecta semanal para comprar agua del aguatero.

Fueron registrados por la Municipalidad de San Juan de Miraflores debido al artículo publicado por esta casa editora el 04 de diciembre del 2020. Recibieron víveres hasta abril, pero luego ante las denuncias que enfrentó la alcaldesa de ese distrito, toda la ayuda humanitaria fue suspendida. Volvieron a los mercados a pedir donaciones de alimentos y continuaron manteniendo a la comunidad.

Increíblemente una organización eligió la zona para instalar sus módulos de internet con banda ancha gratuitos y un grupo de universitarias donaron una veintena de tablets a las niñas y niños de la olla común. Gracias a gestiones con la UGEL, tuvieron acompañamiento docente todo el año escolar.

Este diciembre, la ayuda regresó con voluntarios como Samantha Cáceres Villanueva quien hizo un video acompañada de la vaquita Lola, para explicarles a las niñas y niños el sentido de la Navidad. Ella es docente de educación inicial con una segunda especialidad en atención integral a niños de 0 a 3 años. Decidió usar una estrategia de animación pedagógica y con la ayuda de Camila, su hija, produjeron en tiempo récord el video de Navidad que fue visto en pequeños grupos y guardando los protocolos de seguridad del caso.

Pero no solo ella llevó alegría y esperanza. Gio Guzmán, empresaria que lleva años expresando el arte de pintar las caritas a niñas y niños, aceptó el reto trabajar con las 59 niñas y niños de la comunidad. Fueron tres voluntarias que pintaron angelitos, leoncitos, hombres araña, mariposas, entre otros. Mirarse al espejo y verse con un nuevo look fue uno de los regalos que recibieron las niñas y niños de Vista Hermosa.

Analí Yupanqui y las madres dirigentes de la Olla Común también fueron como niñas ese 18 de diciembre. Desenvolvieron con delicadeza las imágenes de un nacimiento donado por una familia. Fue así que se reemplazó al San José que había perdido la cabeza, literalmente, por la mordida de uno de los canes de la zona. Las manos de estas mujeres iban descubriendo cada pieza con delicadeza extrema, era como si quisieran conservar cada papel de regalo. Su alegría fue coronada por la imagen del Niño Jesús. Sus expresiones corporales y sus sonrisas reflejaban sorpresa y agradecimiento.

Recibieron víveres y además de los regalos para las niñas y niños, el regalo más importante fue que se dieron cuenta que personas voluntarias se hicieron presentes cubriendo sus necesidades. Y es que se logró que se sientan valiosas, por ser “personas” que conectaron con otras en medio de tanta necesidad.

Esa expresión de solidaridad en esta pandemia, así como todas las expresiones de personas que comparten lo que tienen con otros, es el símbolo de que el Niño Jesús habita en los corazones generosos y se despliega con ternura.

Tú que lees esta pequeña crónica puedes elegir creer o no. Sin embargo, lo más importante es dar al otro una muestra de nuestra humanidad. Estoy segura que lo haces. ¡Feliz Navidad!

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