Crónica: Las humitas moradas de Omar, por Verushka Villavicencio

«La Navidad es la oportunidad para esperar al Salvador con las manos llenas y el padre Omar lo espera.»

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Todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos sentido abandonados por Dios. Hemos cuestionado e increpado con lágrimas creyendo que es injusto lo que nos sucedió. Y en el tiempo, mirando atrás, nos dimos cuenta que ese dolor tenía un sentido diferente: hacernos fuertes aceptando que hay planes para nuestro crecimiento espiritual. El problema de fondo es que vivimos sumergidos en lo material y lo espiritual no es prioritario. Sólo cuando perdemos lo material, logramos ver lo esencial. Aprendemos a reconocer al verdadero amigo no por lo que nos dé sino porque acompaña nuestra soledad. Reconocemos sus manos que no llevan adornos sino calidez e incluso arrugas.

El Padre Omar fundador de la Asociación de las Bienaventuranzas, es una de las personas que aprendió a acompañar la soledad de aquellos que salieron de la cárcel a quien nadie quería contratar; a las mujeres que alimentan a sus hijos en Ollas Comunes y que sólo saben cocinar; a los adultos mayores que vivían en la calle buscando comida en contenedores sin medicinas, ni ropa limpia; a los bebés abandonados por sus madres en una esquina a días de nacidos; a niños con discapacidad sin padres que los atiendan y a tantos otros con piel oliendo a exclusión. Todos aquellos que han sentido el abandono de Dios encuentran en las villas del Padre Omar una respuesta concreta: Dios existe y te tiende la mano para avanzar contigo.

La fe de este sacerdote es un accionar con hechos concretos, como debe ser el buen amor, aquel que edifica y forja capacidades. Ahora está implementando talleres de corte y confección, carpintería y albañilería para brindarles a los más pobres y olvidados una oportunidad que les dé trabajo. Ese trabajo no sólo servirá para darles recursos económicos, sino que les devolverá la dignidad y logrará que se valoren y respeten a sí mismos. Es un paso adelante respecto a la famosa “empatía”. Más bien, es cocrear desarrollo humano con el otro.

De seguro el Padre Omar no ha realizado un curso de sostenibilidad y economía circular; pero sabe más observando la necesidad humana que le lleva a crear un círculo virtuoso que conecta oferta con demanda y que bien llevado perdura en el tiempo y se convierte en desarrollo sostenible con el apoyo de diversos stakeholders. En suma, tantas obras como necesidades, tantos servicios como oportunidades para crear desarrollo humano.

El padre habla con cifras: 500 personas albergadas; 03 casas; 01 colegio y 45 mil dólares mensuales como presupuesto para el mantenimiento de todos los programas. Estas cifras son la prueba viviente de un amor que se extiende y seguirá creciendo con el apoyo de empresas, voluntarios y familias que apuestan por esperar la Navidad con las manos llenas de regalos para el prójimo.

Acaba de iniciar un programa. Una empresa le dona corontas de maíz morado que ya no usará y él las ha transformado en humitas moradas, sumando el trabajo de mujeres pobres de las Ollas Comunes. Pronto este emprendimiento servirá para que ellas tengan ingresos que ayuden a mejorar la educación y la salud de sus hijos. Serán humitas moradas inventadas para alimentar cuerpo y corazón de quien las compre y de quienes las elaboran. Sostenibilidad y desarrollo humano caminan juntos. Entonces, la solidaridad es oportunidad para el desarrollo y para valorar lo que somos, acogiéndonos unos a otros.

Y es que el dolor no frena al Padre Omar. Su madre con Alzeheimer es cuidada por su padre que no deja de amarla, aunque ella no lo reconozca. Ambos, adultos mayores, son la fortaleza de un hombre que no deja de ayudar a otros porque comprendió cuál era su misión en la tierra. Por eso fue uno de los primeros en salir al frente ante las necesidades de la pandemia y ahora sabe que se vienen meses de zozobra por la crisis alimentaria.

Ni la granada que dejaron en una caja de donaciones en un punto de acopio, ni los múltiples ataques en redes sociales, frenan al sacerdote. Es uno de los peruanos que lucha por los más pobres como padre y secretario general de Cáritas Lurín. Cuenta con empresas amigas que le apoyan, pero la necesidad siempre retará a más y su misión también.

Panetones en todas las presentaciones posibles, tarjetas navideñas, ferias de emprendedores, dulces de la Panadería Belén y miles de ideas de negocios que incluirán a los más pobres, serán los siguientes pasos.

La Navidad es la oportunidad para esperar al Salvador con las manos llenas y el padre Omar lo espera. Esperemos que te sumes y esperes también. Las humitas moradas del padre Omar son un hermoso presente para llevar las manos llenas esta Navidad y siempre.

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