CSM o CNM, por Eduardo Herrera

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Da igual si se llama – para los mal pensados – Consejo Superior de la Magistratura (como se le conoce en otros países) o Consejo Nacional de la Magistratura. Da igual o, en todo caso no es lo más relevante, cómo se nombran los integrantes de este cuerpo colegiado, ni quiénes son.

Lo primero que me llamó la atención del proyecto de Ley es que, pese a ser anunciado en el reciente mensaje presidencial en el acápite relacionado a la lucha contra la corrupción – de la lectura del documento correspondiente presentado al Congreso – en ninguna parte se menciona, si quiera indirectamente, la frase que da contenido y motivo – supuestamente – al pedido de reforma del CNM (lucha contra la corrupción). Y claro, llama la atención porque si no hay frontalidad, ¿cómo hacemos para asimilar que el esfuerzo será implacable?

Soy claro en esa línea, y pienso que si el CNM debe entrar en reforma es porque está originando – queriéndolo o sin querer – un incentivo para la corrupción. Ya sea colocando jueces o fiscales proclives, o no sancionándolos como se debería o ratificándolos cuando no lo merecen.

Frente al proyecto, como era de esperarse, saltó la liebre. Los actores interesados nos espetaron a todos señalando el riesgo de “politizar” el órgano. La de siempre, la excusa perfecta para frenar toda reforma. Nuevamente, se confunde autarquía con autonomía y no quieren entender que todo – si señores todo – es “politizable” en tanto es sometido a la discusión pública. Si no te quieres reformar tú mismo ¿hasta cuando quieres que te espere pues hermanito? Podría ser una interrogante válida para los que vivimos – todo el país – esperando que el sistema de administración de Justicia funcione como se debe (con predictibilidad, seguridad y, finalmente, justicia).

Decía que me da absolutamente igual cómo se nombra a los miembros o, finalmente, cuál es la identidad de los mismos. De eso no debería de tratarse. No creo en las “juntas de notables” porque mi experiencia me ha enseñado que algunos de esos “notables” se han torcido también notablemente. No se trata, repito, de identidades, la lucha contra la corrupción no tiene ni nombre ni apellido.

Lo relevante, desde mi experiencia, es aplicar la táctica de Odiseo que consiste en ponerse límites a sí mismo. Amarrarse a los controles de terceros de manera que el canto seductor de la sirena corruptora no haga presa de las acciones, en este caso, de los miembros del CNM. Con ello evitaremos entrevistas subjetivas (que además deberían desaparecer), ratificaciones con recomendación (política o de otra índole), incorporaciones sin ningún criterio objetivo (dicho sea de paso, la selección debería hacerse vía concurso a cargo de una firma especializada en talento humano), etcétera.

Tendremos con ello, finalmente, un CNM que incorpore al sistema, jueces y fiscales no solamente con un nutrido conocimiento, sino también con tres elementos que todos parecen olvidar, elementos indispensables para un buen Magistrado: probidad, criterio e independencia.

 

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