¿Cuál es la mejor estrategia para evitar el cierre del Congreso?, por Mirko Vidal

«Considero que la estrategia que debería seguir este congreso es de reprimir todo el rechazo y el rencor de ver a filo-terroristas ocupando los más altos cargos y, al menos esta vez, defender a los ciudadanos de una Asamblea Constituyente dándole la confianza al gabinete».

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Desde que nos enteramos de la ideología comunista que profesa Pedro Castillo y su partido político Perú Libre, todos ya suponíamos —al menos la gente con sentido común— que su objetivo era justamente alcanzar el socialismo, un sistema totalitario, dictatorial y con un profundo desprecio hacia la libertad de sus ciudadanos. Esto pretende agrandar al estado en su máxima expresión y darle un nivel de poder al presidente Cerrón. Perdón, Castillo.

Para evitar que cumplan con tan horrible objetivo, teníamos 2 principales candados. El primero —que ya está roto— era evitar que lleguen a la presidencia y el que nos queda es la constitución. ¿Por qué? Pues porque nuestra Carta Magna contempla cosas tan normales para cualquier persona con dos dedos de frente. Sin embargo, provocan un profundo desprecio en los marxistas, como son la libertad de prensa, la libertad económica (de manera muy imperfecta) y otros tipos de libertades.

La constitución es un mecanismo que limita el poder político y protege a los ciudadanos de sus abusos. Como ya he mencionado, el socialismo es otorgar poder ilimitado al estado, que podrá hacer lo que quiera contigo en nombre del pueblo. Obviamente ellos decidirán quien es el pueblo y quien no lo es.

A título personal, considero que la estrategia que debería seguir este congreso es de reprimir todo el rechazo y el rencor de ver a filo-terroristas ocupando los más altos cargos y, al menos esta vez, defender a los ciudadanos de una Asamblea Constituyente dándole la confianza al gabinete.

Cerrón espera que se niegue la confianza y el legislativo queme esa bala. Seamos más inteligentes y no les demos el gusto. Con todo el asco del mundo, se debe dejar de lado que no solo muchos tienen simpatías con terroristas (o son terroristas), sino que incluso como profesionales son muy cuestionables en pro de aprobar el gabinete o, en su momento, censurar ministros.

Esta es la única manera en la que el congreso mantendrá sus dos cuestiones de confianza intactas y podrá permanecer fuerte ante el ejecutivo, que espera con ansias tumbar el último obstáculo que les queda para permanecer en el poder para siempre: la Carta Magna.

Los ciudadanos, lejos de molestarse por la aprobación de este gabinete, deben entender que nos estamos jugando la vida. Cometer errores por guiarnos de nuestras bajas pasiones, sin duda podría hacer que nos arrepintamos en un futuro y que condenemos a la otra mitad del país a ser presa del mayor instrumento que ha creado la humanidad para destruir: el Estado.

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