Cuando la democracia se defiende: ¿Deberían prohibirse el marxismo y el postfascismo en Perú?, por Piero Gayozzo

«La democracia militante fue desarrollada como un mecanismo político para evitar que se usen las vías e instituciones democráticas para minar a la misma democracia.»

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Esta semana un grupo de congresistas anunció la presentación de la tercera moción de vacancia contra el presidente Pedro Castillo. La crítica situación ha empujado a los demócratas a contemplar una vez más uno de los últimos recursos constitucionales para salvaguardar la institucionalidad del gobierno. Pedro Castillo ha hecho lo posible por mostrarse incapaz de gobernar, incapaz de consolidar un ejecutivo funcional, incapaz de liderar el país, de generar un mayor acercamiento con la oposición y de comunicar planes de acción. Si a ello le sumamos los casos de corrupción en los que estaría envuelto según la declaración de testigos, pues Pedro Castillo habría seguido la receta perfecta para su vacancia.

Lo que vivimos hoy se vio venir hace mucho, específicamente desde que Castillo apareció en la que sería su más conocida entrevista junto a Diego Acuña y mostró desconocimiento absoluto sobre algunas materias básicas. Además, su entorno siempre estuvo rodeado de radicales, desde sus actividades como sindicalista magisterial y sus coqueteos con CONARE-SUTEP, el sindicato de Sendero Luminoso, hasta el partido de gobierno con ideario marxista radical que lo llevó a la segunda vuelta. ¿Se hubiera podido frenar esta situación desde antes?

Otra noticia que ha generado revuelo ha sido la liberación de Antauro Humala. Castillo prometió indultarlo durante la campaña presidencial, pero por motivos legales no habría sido posible; sin embargo, la decisión del INPE le permitió salir dos años antes de cumplir su condena. Antauro Humala es el líder del Partido Etnocacerista, una organización postfascista que apunta a la construcción de un Estado supremacista cobrizo, militarizado y proteccionista.

¿Hay manera de evitar que grupos con pensamiento radical minen la democracia? La respuesta es sencilla: mediante la limitación de algunos partidos en la vida democrática. Solo mediante esta alternativa, quizás, otra podría ser nuestra historia.

Al leer la línea anterior lo primero que viene a la mente es si resulta legítimo prohibir algunos partidos políticos para defender la democracia. Esta es la posición de la democracia militante, una categoría teórica desarrollada por Karl Loewenstein para frenar el avance de los partidos fascistas en los años 30. Contraria al pluralismo político absoluto, la democracia militante fue desarrollada como un mecanismo político para evitar que se usen las vías e instituciones democráticas para minar a la misma democracia. Este enfoque es visto como una restricción del ejercicio de la libertad y, por lo tanto, una contradicción en el seno de la democracia misma, pues, en principio, en un orden democrático no debería limitarse la participación política de ningún tipo (Malkopoulou & Norman, 2018). Definitivamente, la validez que le demos a esta objeción dependerá del concepto de libertad que manejemos.

La libertad en su forma más ingenua refiere a la actuación irrestricta, a la vida sin límites. Esta posición es insostenible en sí misma y por ello, todos aceptamos tácitamente una forma de libertad restringida que sea capaz de salvaguardar la libertad de otros también. En La Sociedad Abierta y sus enemigos, Karl Popper (2017) lleva esta idea a la libertad en el sistema democrático. Según Popper, en el funcionamiento de una democracia necesariamente existen ciertas paradojas de la soberanía. La más llamativa es la que formula Platón e indica que un pueblo libre puede ejercer su libertad para optar por una forma de gobierno tiránica, anulando libremente su propia libertad. Para resolverla, Popper menciona que deben crearse los mecanismos sociales necesarios que eviten que la democracia pueda terminar siendo una tiranía. En otras palabras, la democracia militante es un mecanismo necesario para salvaguardar a la democracia misma.

Ejemplos de democracia militante

El caso más célebre de democracia militante en acción es la prohibición de todo partido nacionalsocialista y fascista en muchos países de Europa y, principalmente, en Alemania. Otros ejemplos de la exitosa aplicación de las políticas de democracia militante son la prohibición del Partido de los Trabajadores de la Justicia Social en República Checa, del Partido Comunista en Letonia, del Partido Comunista de Lituania o del Nuevo Partido Comunista Rumano en Rumanía (Skrzypek, 2020). Si estas sociedades post-soviéticas y que también vivieron el trauma del fascismo han decidido, por voluntad propia y para salvaguardar su libertad social, explícitamente proscribir organizaciones políticas con ideales antidemocráticos, ¿podría ocurrir algo similar en Perú?

El caso peruano

En Perú, la mayor amenaza ideológica al sistema democrático que hemos vivido ha sido el Pensamiento Gonzalo enarbolado por Sendero Luminoso (SL). El Pensamiento Gonzalo (PG) se definía a sí mismo como la continuación del marxismo-leninismo-maoísmo, pero ¿en qué consiste?

Antes de describir el corpus ideológico del PG, es importante indicar que, de acuerdo a los historiadores Orin Starn y Miguel La Serna (2021), SL no debe ser entendido como un movimiento comunista radical ni singular, sino todo lo contrario: como un movimiento comunista ortodoxo que cumplió a rajatabla la receta de la ideología marxista. Para los historiadores, el uso excesivo de la violencia por parte de SL no un caso aislado en la praxis marxista, por el contrario, ha sido común en diferentes agrupaciones que siguen esa tradición ideológica. Lo único que debe llamar la atención de SL es que lanzó su campaña terrorista bajo el nombre de “lucha armada” en un contexto histórico diferente a los otros movimientos que se adscribieron a la ideología marxista en cualquiera de sus formas.

En el ensayo “Maoísmo en los Andes: el Partido Comunista del Perú – Sendero Luminoso y el rechazo de la historia”, Orin Starn (1995) desenmaraña el enigmático Pensamiento Gonzalo (PG) y lo describe como una forma de marxismo influenciado directamente y muy consecuente con el pensamiento de Lenin, Mao y las acciones de Pol Pot. En efecto, identifica 4 puntos clave del PG y sus respectivas influencias en la literatura marxista:

1) El credo marxista de la lucha de clases (el enfrentamiento entre los proletarios y los reaccionarios burgueses).

2) El anti-imperialismo mariateguista y el rechazo a toda forma de sumisión internacional.

3) La importancia del partido y la supremacía de este sobre todo los demás. Siguiendo a Lenin, el partido es visto como la fuerza que aplicará el marxismo en su forma más pura.

4) La violencia como una ley universal. Siguiendo a Mao cree que la violencia puede y debe ser aplicada para extirpar la vileza reaccionaria e instaurar el nuevo orden libre de clases.

No olvidemos que Sendero Luminoso también incurrió en cierta necrofilia que glorificaba la muerte como una forma de precio a pagar por la consecución de una utopía comunista, así como cayó en una actitud clandestina (Degregori, 2011) [1] que llevó a sus miembros a optar por una organización y conducta sectarias que exigía sumisión absoluta a Abimael Guzmán.

Como ha desarrollado Cohen-Almagor (2007), tanto Marx, como Engels y Lenin apostaron por la violencia y el terror como métodos necesarios para la revolución comunista en sus escritos. Es más, enumera tres escuelas de interpretación de la obra de Marx, Engels y Lenin sobre la violencia: el enfoque radical, según la cual la violencia es necesaria, el enfoque instrumental, la violencia como instrumento en caso de que sea la única opción, y la escuela moderada, según la cual la violencia se usará cuando se den las condiciones propicias para la revolución.

En cualquiera de sus formas, el marxismo implica y recurre a la violencia, una carta que se debe sumar a sus pretensiones totalitarias de construir la “dictadura del proletariado”. Si a ello le sumamos que el PG fue la ejecución fiel del marxismo, nos preguntamos ¿Acaso no debería prohibirse el PG en Perú?

Comentarios finales

La democracia militante no es una actitud descabellada ni autoritaria. En Perú deberíamos preocuparnos por desarrollar medidas legales que regulen y prohíban los partidos que amenazan el orden y las bases democráticas si deseamos que la democracia persista el mayor tiempo posible. Si esta perspectiva es considerada, debería incluirse la posibilidad de proscribir no solo al Pensamiento Gonzalo, sino al marxismo en general, porque:

  • El marxismo promueve la subversión del orden democrático, la creación de la dictadura del proletariado y la violencia como mecanismo principal para ello.
  • El Pensamiento Gonzalo no fue original, sino que fue la aplicación ortodoxa del marxismo y sigue teniendo influencia en la sociedad.

Aplicada la prohibición para un sector radical, debería poderse hacer extensivo para los discursos de odio postfascistas como el etnocacerismo u otros proyectos similares. Esta propuesta no debería sorprendernos, pues en años anteriores hubo intentos por lograrlo. El año 2010 el entonces congresista David Waisman presentó un proyecto de ley para penar con prisión efectiva a quienes difundan la ideología nacionalsocialista y el 2021 el congresista Jorge Montoya expresó su deseo de que se promulgue una ley que prohíba a los partidos comunistas.

La democracia militante es una medida que, en primera instancia, puede resultar controversial para muchos, pero si se reflexiona lo suficiente, no tendría por qué serlo. Y no, no caigamos en la falacia de la pendiente resbaladiza. Así como permitir el matrimonio homosexual no implica la homosexualización de la familia o la destrucción de esta, tampoco la prohibición de la política marxista y postfascista en Perú será el inicio de una serie de restricciones ideológicas o de otras libertades individuales. Como diría Mario Bunge: “unámonos los amantes de la vida y digámosles a los aspirantes a omnicidas que no pasarán”.

 

Lucidez.pe no necesariamente comparte las opiniones presentadas por sus columnistas, sin embargo respeta y defiende su derecho a presentarlas.

 

Notas

[1] De acuerdo a Carlos Iván Degregori, Abimael optó por la clandestinidad del partido tras haber sido capturado en las marchas por la gratuidad de la enseñanza ocurridas en Ayacucho en el año 69. En aquel momento, Abimael fue trasladado a Lima, junto a otros líderes comunistas de Ayacucho, y luego liberado.

Referencias

Cohen-Almagor, R. (2007). Foundations of violence, terror and war in the writings of Marx, Engels and Lenin. Terrorism and Political Violence, 3(2), 1-24. doi:https://doi.org/10.1080/09546559108427101

Degregori, C. I. (2011). El Surgimiento de Sendero Luminoso. Ayacucho 1969-1979. Lima: Instituto de Estudios Peruanos.

Malkopoulou, A., & Norman, L. (2018). Three Models of Democratic Self-Defence: Militant Democracy and Its Alternatives. Political Studies, 66(2), 442-458. doi:https://doi.org/10.1177/0032321717723504

Popper, K. (2017). La sociedad abierta y sus enemigos. Barcelona: Paidós.

Skrzypek, M. (2020). he Banning of Extremist Political Parties as a Measures of Neo-militant Democracy: The Experience of Post-communist States. HAPSc Policy Briefs Series, 1(2), 67-73. doi:https://doi.org/10.12681/hapscpbs.26450

Starn, O. (1995). Maoism in the Andes: The Communist Party of Peru-Shining Path and the Refusal of History. Journal of Latin American Studies, 27(2), 399-421. doi:10.1017/S0022216X00010804

Starn, O., & La Serna, M. (2021). Ríos de Sangre. Auge y caída de Sendero Luminoso. Instituto de Estudios Peruanos.