Cuarentena: la importancia de obedecer las ordenes impuestas; por Daniela Daza

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El nuevo coronavirus de Wuhan ya no es una novedad. La OMS la declaró hace unos días una pandemia. Todos sabemos sobre el Covid-19. Todos hemos escuchado noticias, reales y falsas, sobre el virus. Es inevitable, está en todos lados: lo escuchamos en la calle y en la radio, lo vemos en las noticias y nuestros teléfonos, y ahora lo respiramos y lo vivimos. Llegó al Perú y su presencia nos está acechando cada vez más.

Hace un mes escribí un articulo sobre el coronavirus cuando tan solo aterrorizaba a los países asiáticos y se veía como algo lejano e irreal. Y hoy, apenas, unas semanas después, hemos sido testigos de cómo el virus se ha ido expandiendo por todo el mundo, llegando hasta el rincón más remoto de la tierra, sin contar el Antártida, y vamos a ver cómo ningún país va a lograr librarse de su contagio.

Las cifras son alarmantes. Somos espectadores del nuevo caos que va a estar presente en nuestras vidas de ahora en adelante, para quedarse por quién sabe cuánto tiempo. Lo único que conocemos es lo poco que se informa y se publica sobre el virus. Cada mañana que nos levantamos hay un nuevo número de infectados, mayor al del día anterior, y más noticias apocalípticas provenientes del extranjero:  más casos, más muertes, más pánico, más caos y descontrol, y sobre todo más medidas, cuyo único objetivo es frenar al virus y ganarle en esta batalla que sin duda vamos perdiendo.

Las noticias inquietantes asustan: países en Europa que están en cuarentena total, ancianos en Italia que fallecen solos en sus casas sin que nadie se entere por días de su situación, en China hay casos de reinfectados, Estados Unidos en estado de emergencia y ahora el Perú en cuarentena. Para muchos aquella medida drástica, es exagerada e innecesaria, piensan que tan solo son 71 casos reportados, nada de que alarmarse, sobre todo si la tasa de mortalidad del virus es menos del 2%… No parece atemorizante, pero si nos tomamos un minuto para analizar la situación actual del sistema de salud de nuestro país y consideramos la rapidez con la que se contagia el virus, entonces el escenario relajado comienza a cambiar y la cuarentena tiene más sentido.

Según las estadísticas proporcionadas por el MINSA, en el Perú, al 2018, el número de camas hospitalarias disponibles por cada 10,000 habitantes fue de 16. Al 2017, se contaron con menos de 25,000 médicos y aproximadamente 30,000 enfermeros, a nivel nacional. Lo que significó menos de 19 médicos y alrededor de 15 enfermeros para cada 10,000 habitantes limeños. Si bien estos datos no están actualizados a la fecha, no se alejan mucho de los que tenemos hoy en día.

Si nos ponemos en el supuesto de que el Covid-19 llegue a afectar tan solo al 0.1% de la población, ni siquiera el 1%, y concentrándonos tan solo en Lima, cuya población actual es de alrededor 9 millones de personas, se tienen 9,000 casos que van a necesitar atención hospitalaria, personas que no van a poder acceder a una cama en un hospital con nuestro sistema de salud actual.

El virus y su mortalidad no es preocupante, sino el sistema de salud en sí, que ya está colapsando y que no se va a dar abasto a la cantidad de enfermos que van a requerir atención hospitalaria. De no tener cuarentena, el sistema explotaría en cuestión de semanas. Lo que se avecinaría serían miles de personas que no van a poder ser atendidas, gente falleciendo en los pasillos de los hospitales porque no llegaron a tener acceso a la UCI, médicos y enfermeros contagiados y, por ende, incapacitados de seguir trabajando.

Este escenario ya se puede ver en otros países, cuyos sistemas de salud estaban mucho más preparados y equipados que el nuestro y que, aun así, debido a la rapidez con la que se propaga el virus, colapsaron.

El contexto es apocalíptico, y todo esto sin tener en cuenta los contagios por el dengue, ni las repercusiones económicas que nos espera. Lo único que nos queda por hacer es seguir las instrucciones que los expertos y nuestro gobierno recomiendan: QUEDARSE EN CASA.

El Perú acaba de entrar en cuarentena y no es una medida exagerada tomando en cuenta todo lo dicho y la poca conciencia de la población cuando no se establecen ordenes drásticas. Aquello se pudo apreciar este fin de semana, que a pesar de que se prohibió cualquier espectáculo público con más de 300 personas, hubo discotecas abiertas y aglomeradas de gente que se excusaban por tener un aforo de 290 personas, algo totalmente irracional e ignorante.

Son 71 casos hoy en día, no parecerán muchos, pero hay que analizar la rapidez con la que se llegó a aquel número. Las medidas pueden parecer exageradas y extremas, pero hay que pensar que el virus comenzó con 1 persona en Wuhan y en menos de cuatro meses llegó a infectar a más de 169,000 personas. Ningún número ni ninguna medida es pequeña e insignificante, tomando en cuenta la rapidez con la que se propaga y el alto índice de contagio que tiene. Hoy día son 71, mañana el número va a incrementar y de acá a unas semanas, sin la cuarentena, puede que llegue a las cuatro cifras, como ha ido ocurriendo en otros países.

Es momento de ser conscientes, de dejar de lado la playa, el verano y la diversión. Es hora de actuar con raciocinio y pensar en aquellos vulnerables al virus, ancianos y personas enfermas que pueden verse afectadas por la inconciencia del resto. El Covid-19 no distingue fronteras, ni estatus social, ni raza, ni edad, ni si uno tiene la despensa llena de víveres y papel higiénico. Estamos en un mundial, jugando contra el virus, así que pongámonos la camiseta y seamos conscientes y responsables, y a obedecer la cuarentena.