Daienu… Esto nos habría bastado

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La comprensión y dicción del hebreo era más que difícil para todos los asistentes; no obstante, con ayuda de un buen amigo que es judío, un grupo de cristianos pudimos celebrar la Pascua al bajo el ritual judío.

Todo estaba siendo coordinado una semana antes. Los jóvenes, estudiantes que se preparan para ser sacerdotes católicos, se habían esmerado en llevar los elementos necesarios. Teníamos el cordero, el pan, el vino, las yerbas amargas, lo dulce y, por supuesto, teníamos la disposición de unirnos en una oración que para la mayoría era totalmente desconocida.

Para comprender algunos de los elementos, proyectamos algunos de los cantos en hebreo. No narraré los pormenores de la celebración, lo que sí quisiera hacer es reflexionar sobre algunos puntos.

El primer punto es la apertura. El curso realizado con aquellos jóvenes era sobre el Pentateuco (los cinco primeros libros de la Biblia), y no fue sencillo leer las Escrituras desde una mirada histórico-crítica. Muchas veces algunos cristianos leen la Escritura como si todo hubiese caído del cielo, valorar los procesos históricos de la misma formación de la Escritura teniendo presente la transmisión oral es una tarea permanente. Celebrar la Pascua no como crsitianos en el templo sino en un espacio íntimo y “familiar” ha generado una mayor disponibilidad, además de haber cuestionado rigideces que en el camino hemos ido generando.

El segundo punto es el diálogo. No es posible pensar una religión ensimismada, centrada en sí misma sin la posibilidad de entrar en contacto consigo, con sus raíces. Para los cristianos y cristianas es una tarea por seguir emprendiendo el dialogar con quienes hemos reconocido como “padres en la fe”. Para nosotros que celebrábamos aquel Pésaj era una llamada constante contemplar lo que los cristianos heredamos del judaísmo, nuestra celebración eucarística dominical tiene elementos que solo en el encuentro y valoración del otro, diferente a nosotros, tiene sentido.

El tercer punto es la valoración de lo histórico. El pueblo cristiano hunde sus raíces en el judaísmo. Los escritos del Segundo testamento (así lo llamamos para no tratar con desdén alguno las escrituras sagradas del pueblo judío, el Primer testamento) son comprensibles en la medida que son tenidos en cuenta los escritos del pueblo de Jacob. Y esto no se trata de mera literalidad pseudo profética, se trata de contunidad en la historia. Los signos de pan y vino de la cena pascual judía tienen valor para los cristianos en tanto Jesús resignifica aquellos elementos, pero partiendo de lo que el pueblo judío comprende. Jesús “no inventó la pólvora”, empleó los elementos ya existentes.

Estamos a punto de celebrar la Navidad los cristianos y cristianas; a veces se saluda en esta fiesta diciendo “Felices pascuas” y, claro, hace recuerdo a este “paso” de Dios en medio de la historia. Dios nos ha liberado y hasta la mínima acción de Él nos habría bastado. Jesús fue hijo de su cultura y aproximándonos a ella es que los que nos llamamos seguidores y seguidoras de él podemos ser mucho más coherentes, pasando por la historia y generando historia.

Una de las frases que impresionó a quienes participamos de aquella celebración pascual, que de hecho cantamos varias veces, fue la que encambeza este post: “Daienu”, expresión que significa “nos habría bastado”. Y sí, defintivamente hasta la más mínima acción nos habría bastado. Todo es gracia. El judaísmo es gracia, el Primer testamento es gracia, la apertura a los otros es gracia, lo histórico es gracia y, en definitiva, el diálogo y amistad entre cristianos y judíos también lo es.