Datos curiosos de los escritores, por Pault Montjoy

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Todavía sigo con la bilis revuelta del partido de Perú, por eso, he decidido escribir sobre cualquier otro tema menos política (No es bueno revolver más lo ya revuelto).

Todos tenemos una admiración por las cosas que escriben los escritores. Sin duda, existe un don para escribir. Hay escritores muy académicos como Mario Vargas Llosa y los hay muy bohemios como Julio Ramón Ribeyro (Después de leer La tentación del fracaso, no me queda duda) Pero casi todos han tenido manías que son muy interesantes, o situaciones curiosas:

Scott Fitzgerald. Era un escritor que no tenía un horario fijo, solía escribir hasta muy entrada la madrugada. Con el paso del tiempo, se convenció de que el alcohol (la ginebra sobre todo) era esencial para su proceso creativo.

Gustave Flaubert. Para poder escribir necesitaba, por lo menos, haberse fumado una pipa.

Honoré de Balzac. Lo levantaban a media noche, se vestía con una túnica blanca y se disponía a dormir. Consumía, durante toda la madrugada, tazas de café sin descanso.

Thomas Mann. Consultaba con su familia lo que escribía, a veces cambiaba sus textos en base a ello ¿Qué habrán opinado con Muerte en Venecia?

Mark Twain. Llevaba la cuenta exacta del número de palabras que escribía y de hojas.

Mario Benedetti. Para escribir prosa debía estar necesariamente en su casa, en cambio, podía escribir versos en cualquier lado.

Haruki Murakami. El eterno nominado al nobel se levanta a las cuatro de la mañana y trabaja entre 5 a 6 horas seguidas si está escribiendo alguna novela. Lleva una vida social limitada al máximo, el resto del día hace deporte, lee, escucha música, entre otros.

James Joyce. Solía amanecerse cantando viejas canciones irlandesas en bares. Se dice que pasó casi 20.000 horas escribiendo El Ulises.

Truman Capote. El escritor de A sangre fría hacía dos versiones de sus manuscritos a lápiz, era muy supersticioso. Solía también escribir en la cama y no dejar más de tres colillas en un cenicero, incluso, llenaba sus bolsillos de las colillas sobrantes. También sumaba números de manera compulsiva en su mente.  

Isabel Allende. La escritora de La casa de los espíritus siempre inicia  sus escritos los 8 de enero.

Julio Ramón Ribeyro. Sus malas condiciones económicas, al inicio de su carrera, lo llevó a aceptar trabajos insólitos, como pintor de paredes, o recepcionista y conserje de un hotel en París, donde uno de sus clientes fue Blanca Varela. Esos trabajos hacían que tuviese que escribir por las noches, siempre acompañado de vino y cigarrillos.

Jorge Eduardo Eielson. Fue abiertamente homosexual. Vivió más de 50 años con Michele Mulas, quien murió primero. También fue budista. Detestó Lima, pensaba que era lo peor del Perú, un conjunto de deformidades.

 Leopoldo Chariarse. Chiclayano de nacimiento, poeta. Amigo íntimo de Ribeyro, quien lo consideraba un poeta mayor. Aquí, una cita de La tentación del fracaso sobre él: “Su gran defecto es que no conoce el límite entre la conveniencia y lo inconveniente, su falta de ‘oportunidad’. Es capaz de hablar en un grupo media hora seguida, invitarte a cenar y luego pedirte que pagues la cuenta, dejarte con la palabra en la boca para desaparecer tras una mujer”   

Alfredo Bryce Echenique. Escribe directamente después de almuerzo, la peor hora para escribir según él, en homenaje a su madre. Corrige durante las mañanas.