De izquierda a derecha y viceversa, por Valeria Burga

"Tenemos que reconocer que muy pocos candidatos presentan el peso de Keiko y Verónika, además de la llegada que ambas exhiben a los sectores socioeconómicos menos favorecidos de la población peruana".

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Tenemos una cita el 11 de abril. Tras cinco años transcurridos, cada rincón del país se prepara para elegir o, mejor dicho, optar por el candidato “menos malo” que nos represente en el sillón presidencial. Esta vez, es difícil saber a ciencia cierta lo que nos espera, teniendo en cuenta que los números que muestran las encuestas son bastante apretados y atípicos. Pero, de lo que sí somos conscientes es que las dos señoras que disputan un cupo como mandatarias tienen la guerra declarada e incluso podrían enfrentarse en una hipotética segunda vuelta. Cada una en su respectiva esquina del ring, claro está.

Hace poco se presentaron en nuestras pantallas cuatro candidatos a la presidencia en el CADE electoral 2021, entre los que se encontraban: Mendoza, Fujimori, Forsyth y Guzmán. Durante dos días consecutivos, los representantes de cada partido expusieron sus propuestas sobre materias como salud, economía y lucha contra la corrupción. La verdad es que hablaron mucho y dijeron poco, pero sirvió para darnos cuenta sobre la posición política de las candidatas, quienes no perdieron oportunidad en pintarse de cuerpo entero. Tenemos que reconocer que muy pocos candidatos presentan el peso de Keiko y Verónika, además de la llegada que ambas exhiben a los sectores socioeconómicos menos favorecidos de la población peruana. Me refiero a esos grupos de personas que realmente no toman consciencia al momento de votar, pues la información que llega a ellos es nula. Y no me lo tomen a mal, esto no es culpa suya, ya que la responsabilidad la tiene el mismo Estado que no difunde educación de calidad a los sitios más alejados.

Dejándonos de rodeos, hablemos de la hija de Alberto Fujimori. Keiko fue la primera dama de 1994 al 2000. Ha sido la congresista más votada en las elecciones de 2006, pero con una mala racha en sus intentos de alcanzar la presidencia, pues llegó a la segunda vuelta electoral en el 2011 y 2016 sin resultados favorables. Después de todos los escándalos de corrupción en los que se vio involucrada la popular “China”, hoy en día se presenta por tercera vez en las elecciones. En esta ocasión, como defensora de la Constitución aprobada bajo el gobierno de su progenitor, que, por cierto, está dispuesta a indultar si llegara a gobernarnos. Del mismo modo, no dudó en resaltar que es la mejor amiga del sector privado, lo que a muchos tiene hasta el hastío, término que uso por ser buena y no decir otra cosa. Ya vemos el motivo por el cual su porcentaje de antivoto supera el 50%.

Ahora pasemos al otro lado, a esa izquierda que defiende a capa y espada Mendoza. Ella es una quechua hablante real. Algo bastante favorable para la candidata, pues le ha permitido comunicarse directamente con el pueblo peruano, ese sector que siempre ha sido olvidado por los de saco y corbata. La lideresa de Juntos por el Perú apuesta por una nueva Constitución, bonos para los más afectados, impuesto a la riqueza y una segunda reforma agraria. Si bien es cierto, ningún gobierno de izquierda ha funcionado, pero hay gente que opina lo contrario. Parece que olvidamos en qué situación se encuentra uno de los países más afectados de Latinoamérica. Efectivamente, me refiero a Venezuela.

Desde luego se preguntarán por qué no he mencionado a los otros dos candidatos presentes en el conversatorio electoral a lo largo de estos párrafos. La respuesta es simple y sencilla: estuvieron de adorno. El show se lo robaron las damas como era de esperarse y solo faltó que se colocaran los guantes de boxeo para que sea una batalla campal. “Vamos a cambiarlo todo”, dice la taza que mostró Verónika Mendoza en pantalla. “Mano dura”, no se cansa de repetir la patrona de Fuerza Popular. ¿Qué dicen los peruanos? 30% no sabe y no opina, lo que es preocupante. Algo que sí se puede afirmar es que se acerca la hora de la verdad, así que vayan volteando los relojes de arena.

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