De-mentes

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Más temprano esta semana una amiga me invitó a dar like a una página en Facebook. Yo sé que no es el comienzo más emocionante para una historia pero síganme la cuerda. El nombre de la página (De-mentes) me llamó la atención y decidí entrar a ver de qué se trataba. Al entrar sonreí casi instantáneamente. La foto de portada mostraba a un grupo de chicos más o menos de mi edad con carteles en las manos y sonrisas en las caras y la descripción de la página decía: “En De-mentes buscamos visibilizar la problemática de la salud mental en el Perú y sensibilizar a la sociedad respecto a este tema, mitigando el estigma.”

Ahora, el tema de las enfermedades del cerebro es un tema que sigue en pañales en lo que es el ojo público del peruano. Sus raíces químicas no se entienden y se estigmatiza como locos a quienes lo sufren cuando es impensable hacer lo mismo con alguien que, por ejemplo, sufra de neumonía. Son temas que se escapan del control de quienes las padecen y sin embargo es usual trasladar la culpa a ellos mismos muchas veces pidiéndoles que pongan de su parte o mejoren espontáneamente. Cosa que es imposible ya que son procesos químicos y, peor aún, si quien sufre de la enfermedad está igualmente desinformado puede sentirse culpable y sentirse aún peor por no encontrar en sí mismo la salida a su problema.

El opuesto de la depresión no es felicidad, es vitalidad. Desaparece, deja un vacío en su lugar y se supone que uno siga su vida sin entender qué pasó realmente y por qué ya no siente nada al hacer cosas que antes amaba hacer. Lo gracioso es que uno sabe que es ridículo mientras lo vive. Sabe que debería emocionarle estar con sus patas cheleando, o que la chica que venía buscando de repente lo salude a él y no al revés. Pero no es un tema de querer. Y así uno empieza a confundirse.

Luego, viene la ansiedad. Por ella he aprendido a no juzgar a nadie tomando en cuenta lo que pueda haber sufrido. Recuerdo perfectamente el caso de Robin Williams, y lo chocante que fue para muchos que alguien tan aparentemente lleno de vida haya podido apagarse así. Pero es una cuestión que es difícil de entender, inclusive si uno lo ha vivido en carne propia. Sé que a nadie le desearía pasar siquiera una noche de ansiedad pura y eso me ha hecho poner varias cosas en perspectiva, y siempre pensar, cuando las cosas se ponen mal, que “podría ser peor”. El tema con la ansiedad es que es terror puro. Es esa sensación de hielo en la nuca y pelos de punta que uno siente cuando está cayendo de cara al piso o ha saltado en una película de terror solo que en lugar de durar segundos dura meses. Es tener miedo de tener miedo y seguir adelante. Es no poder pensar claro porque se te viene el mundo encima a cada segundo. Y es estar convencido de que nunca va a acabar.

Pero acaba. El estigma que yo mismo había impregnado en mi mente me hizo triplicar esa sensación de pánico al considerar que quizás tendría que tomar alguna pastilla y que al momento de hacerlo oficialmente habría cruzado alguna línea imaginaria y estaría “loco”. Pero sentir que un oso te persigue 24/7 y tu vida no va a mejorar por sí sola tiende a motivar a uno a agotar sus opciones (créanme, probé acupuntura e imanes antes, y la pseudociencia pseudoayuda pero no pseudoarregla pseudonada).

Entonces hablé con un amigo y me dijo la cosa más simple del mundo pero que, probablemente, me salvó la vida (gracias Gabriel). Cuando le pregunté cómo era y si te cambiaba y si lo necesitaría de por vida me dijo: “No, para nada, piensa que son como muletas, hasta que aprendas a caminar solo de nuevo.” Mi perspectiva giró totalmente y decidí intentarlo. Atravesé el estigma y la situación giró de manera radical. Parecía mentira pero ya estaba mejor y todo gracias a mis patas (que consciente e inconscientemente estuvieron allí) y al hecho de que finalmente pude superar el estigma que me ahogaba como un edredón de plumas mojado en verano (sorry, me quedé sin analogías).

Y por eso sonreí al ver la página de De-mentes, porque sé de primera mano a qué se referían y estoy orgullosísimo de que alguien haya decidido sacar adelante una iniciativa tan increíble.

¡Fuerza y felicitaciones De-mentes!