De padres humanistas, hijos demócratas, por Verushka Villavicencio

«Necesitamos padres humanistas para que formen hijos demócratas que apliquen el bien común y que reconozcan el sentido de la vida, así como la presencia de Dios en sus acciones cotidianas».

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Cuántos de nosotros recordamos las lecturas de los clásicos ahora que vemos lo que sucede en la política de nuestro país. Nos preguntamos si los políticos que nos representan pueden encontrar respuestas a sus posiciones recordando la lectura de La Ilíada y la Odisea. Pero, además se trata de pensar lo que somos desde la esencia y nada mejor para interiorizar que recurrir a la filosofía.

En un evento virtual denominado “Desafíos para una Nueva Generación”, filósofos del mundo se congregaron para compartir su lectura de la realidad y dar luces sobre su apreciación respecto al camino que sigue la humanidad.

Una idea fuerza del evento es la concepción de la utilidad que se le da a cada acción y decisión que se adopta en todos los niveles de la vida social, económica y política de un país. Los jóvenes escogen sus carreras debido al beneficio económico que van a recibir a cambio. Inclusive en las universidades, los cursos vinculados a las humanidades, es decir, al arte, historia, filosofía y literatura han desaparecido y si acaso se mantienen, es para incluirse dentro de carreras cuyas ciencias exactas se vinculan a los negocios; como la ética empresarial. La formación de personas con pensamiento crítico, capaces de opinar, deliberar, juzgar y decidir, se extingue porque las personas están siendo formadas para ser buenos técnicos, operadores que no son capaces de ver, con amplitud, el escenario donde se maneja la sociedad, es lo que sostiene el filósofo José Manuel Flores.

El planteamiento de su disertación es que si en la sociedad hay niveles de corrupción alto es porque los estudiantes escogen sus carreras para ganar dinero; y bajo esta lógica, si alguien les quiere corromper, es factible que lo puedan hacer dado que existe una ausencia de una ética en función del bien común. El trabajo es realizado con un fin económico para un beneficio individual, cuyos logros nunca serán suficientes; siempre se buscará más y las personas realmente no gozan con sus tareas, sino que las realizan con un carácter netamente material. Progresivamente van perdiendo su capacidad para admirar y contemplar cualquier situación que no tenga un fin utilitario.

Justamente, la poesía, la prosa, la música y el arte en todas sus manifestaciones son expresiones que nos llevan a encontrarnos con la belleza, la bondad y todas las manifestaciones sublimes que elevan el espíritu. Quien sea capaz de conmoverse con el arte, tendrá menos posibilidades de ser indiferente con su identidad cultural y el bien de su comunidad. Pero, además, si tiene un espíritu crítico, será capaz de cuestionar las órdenes y podrá crear soluciones innovadoras ante problemas complejos.

“En Estados Unidos encuentras gente muy eficiente, que hace sus tareas en tiempos récords, pero no son capaces de contemplar las cosas importantes, ni las amistades, ni la familia porque siendo cosas esenciales requieren tiempo y el tiempo lo dedican a trabajar”, explica Flores.

Pensando en nosotros, lo que vivimos en el país, es una expresión de la ausencia de valores humanistas que muchos padres han dejado de cultivar en casa, cediendo toda la responsabilidad a la escuela. También es la expresión ausente de los cursos de filosofía y ética en las escuelas y universidades, pero sobre todo es por la desconexión entre lo político y cultural como práctica y reflexión de los valores universales que nuestro país multicultural presenta.

La educación humanista en casa es una ruta de arte a flor de piel para leer a los clásicos, para aprender a jugar por el simple deleite de compartir una partida de fútbol o ajedrez, para recordar las tradiciones de nuestros pueblos ancestrales, para crear nuevas leyendas y cuentos, etc. Pero también es un espacio para plantear situaciones morales desde lo cotidiano que lleven a ensayar soluciones que en adelante podrán ser practicadas por los hijos en el trabajo para decidir sobre el aumento de sueldo de un colaborador por su buen desempeño, más allá de sus propias funciones laborales, entre otras acciones que son la extensión de un aprendizaje gestado por padres, madres, abuelas y abuelos.

Necesitamos personas con pensamiento crítico capaces de sustentar sus ideas como expresiones de sus ideales, sin agredir, con amabilidad incluso ante los conceptos opuestos que otros puedan defender. De esta forma se aprende a ser demócrata, entendiendo que la democracia es un modelo de gobierno con valores humanos.

Para el experto argentino, Simón Bestani, es fundamental rescatar la democracia formando a jóvenes críticos porque corre el riesgo de ser reemplazada por la tecnocracia que sería el gobierno de los tecnócratas a través de la inteligencia artificial. “El algoritmo te dirá que hacer y evaluará tu huella de carbono individual. Tendrás un puntaje; pero si lo excedes, no podrás salir de casa porque cumpliste con tu cuota, como pasa en China con el puntaje social”, explica Bestani, quien alerta sobre la urgencia de recobrar el juicio humano con una mirada profunda.

Entonces, necesitamos padres humanistas para que formen hijos demócratas que apliquen el bien común y que reconozcan el sentido de la vida, así como la presencia de Dios en sus acciones cotidianas. Necesitamos cultivar una vida interior capaz de llenarse de arte y filosofía para comprendernos como seres humanos. En ese camino de refundarnos como país dejaremos de tener políticos que prioricen sus propios intereses. ¡Feliz día del padre!