¿De quién es el poder de la información?

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En EEUU la velocidad de la información y los cortos ciclos noticiosos han significado una revolución importante en la forma como la prensa comunica las noticias y qué noticias comunica. Mientras las grandes cadenas americanas, por ejemplo, han virado sus intereses en fortalecer los talk-shows o los programas de debate, donde reúnen a expertos y/u opinólogos para conversar sobre el ciclo noticioso y la coyuntura, se han ido reduciendo progresivamente las notas investigativas, especialmente en el ámbito internacional.

Uno podría argüir que así es el mercado y que la teleaudiencia ha tomado la decisión libre de privilegiar la opinión ligera a la información directa y pesada. Eso, sumado a los costos que significan desarrollar una investigación en otra latitud del globo, nos pavimenta el fin de los reportajes investigativos dentro de la denominada “main stream media”. Lo cual tiene consecuencias sociales importantes, ya que esa misma teleaudiencia que hoy prefiere los realities o los talk-shows, constituye a la vez el electorado de una de las potencias más importantes del mundo y por lo tanto tiene una relación con la política exterior o podría tenerla.

¿Es importante que una familia en un pueblo perdido de EEUU tenga acceso a lo que ocurre en Siria o Libia o Ucrania? Claro que sí. No sólo se trata de insertar a las poblaciones del mundo desarrollado en el mundo que las rodea. También es una cuestión de pragmatismo, ya que un adolescente americano hoy puede tener mucho más impacto que un francés bien informado. Miremos en fenómeno de Koni. Cuántos ya conocíamos de la inclemente lucha que transcurría en África. Cuántos conocíamos la realidad de los niños soldados. Sin embargo, más allá de toda la información que iba y venía sobre las violaciones y las torturas, no fue hasta que alguien hizo esa información accesible que los sucesos tuvieron un impacto real en el ciclo mediático y por tanto en el proceso de policy-making.

Es por eso que hoy el esfuerzo de medios como Vice es tan importante. Permite en segundos y minutos transmitir de manera presencial y cruda las ocurrencias y azotes en las latitudes más extremas del planeta. Esa información ahora es diseñada para llegar al adolescente rebelde y mordaz y puede viralizarse y crear consciencia, para luego tener un espacio en el noticiario y por ende en el campo visual de los políticos.

Si las grandes cadenas han firmado la defunción del periodismo investigativo. Hoy el internet permite que esas investigaciones puedan competir con las noticias frívolas y puedan generar el impacto necesario sobre las sensibilidades del ciudadano promedio de las grandes potencias. Fue así como una nota de Vice logró que John Oliver recogiera la pasmosa realidad que viven los traductores militares que colaboran con el ejército americano en Irak y Afganistán y la colocara en televisión. Ahora los congresistas y senadores podrán ver y actuar, porque este es un elemento del que sus votantes son conscientes.

No se trata de discriminación, sino de aceptar que quien tiene el poder de ayudar a los sirios o a los kurdos, son las potencias y sólo si su población está informada puede haber la suficiente presión para que sus representantes actúen. Por eso siempre importa lo que se vende en EEUU o en Europa como noticia. Todos debemos informarnos, si, pero hay una prioridad en quienes deben recibir esa información, porque se investiga y se comunica para generar impacto y luego acción.