¿De verdad trabajan tanto los alemanes?

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Los españoles trabajan más que los alemanes. Lo acaba de decir la OCDE con datos de 2013: 280 horas más al año, concretamente. Pero eso no es nada comparado con México, por ejemplo, que se lleva el primer puesto en horas trabajadas: 2237 frente a las 1665 de los españoles y las 1388 de los alemanes. Claro que no se distingue nítidamente entre “horas transcurridas en el lugar de trabajo” y “horas trabajadas, efectivamente”. Corea, Grecia y Chile (junto con México único país latinoamericano incluido en la estadística) también alcanzan las 2000 horas, mientras que sólo Países Bajos (entre los que se recogen en la estadística) está por debajo de Alemania, a la que siguen Noruega, Dinamarca, Francia y Eslovenia. En Perú, según datos del Banco Central de Reserva, pero para 2010, se llegaría a 2132 horas, con lo que estaría también en el tercio superior, con el mundo urbano más cargado de horas que el rural y Lima a la cabeza.

(Un apunte más, por cierto: habría que ver también cuántas horas tardan los ciudadanos de cada país, en términos medios, en llegar a su lugar de trabajo… y consecuentemente sabríamos cuánto tiempo están en casa con la familia o dedicados a sus aficiones, actividades culturales o deportivas o lo que fuere, la papiroflexia o el curling, por poner dos ejemplos al azar).

Desde luego, en Alemania a las 5 de la tarde ya no queda (casi) nadie trabajando. Y para las 4 muchos ya se han ido a su casita. Han parado, eso sí, sólo media horita (como mucho) para el almuerzo (muchas veces sin postre ni bebida) y ¡a seguir, que hay que llegar tempranito a casa!

Es decir: el dato de horas trabajadas no parece tan relevante. Hay países que, con más horas trabajadas (o en el lugar de trabajo) alcanzan menos bienestar que esos dos países que van a la cola en el número de horas. Pero -y esto no lo dice la OCDE sino la Comisión Europea- la productividad no tiene que ver con esa cifra. Los alemanes llegan a 42 euros por hora, los españoles se quedan en 32.

Lo que interesa, por tanto, es qué sucede en esas horas. Y ahí parece que en Alemania aprovechan más los tiempos de trabajo. ¿Por qué? ¿Por qué es un país más organizado? ¿O porque es un país que continuamente están organizando, es decir, en que van mejorando aspectos, buscando soluciones, mejorando estructuras y procesos? Ya decía Mafalda que los países se dividen en “problemólogos” y “solucionólogos” y es probable (aunque no hay estadística de la OCDE ni de la Comisión que lo avale) que los solucionólogos lleguen a una mayor productividad. Quizá habría que introducir también otro índice: el de número y duración de las reuniones y ponerlo en relación con la productividad. Son sugerencias no más para organismos internacionales que quieran completar su labor estadística.

Y con esa actitud parece que a los alemanes les va bien. Parece también que ahora les viene la crisis. Y seguro que, si es así, lo van a pasar mal. Porque no son muy buenos a la hora de afrontar crisis: le dan muchas vueltas al por qué y eso posiblemente agrave la crisis. Hace ya bastantes años, un estudio de expertos franceses mostraba que la reacción psicológica ante la crisis la agrava o la aminora.

¿Por qué en España, con una crisis muy severa ya de años, no se ha producido la hecatombe social? Posiblemente porque la actitud psicológica es fuerte: se quejan, sí, y lo pasan mal. Pero en la calle es difícil notar la crisis. Se ven, sí, más carteles de “Se vende” o “Se alquila” en negocios que han cerrado (pequeños, la mayoría de ellos), se nota quizá menos vehículos en la ciudad, sobre todo según va avanzando el mes, pero la calle sigue vibrante. Y quizá muchos prefieran apretarse el cinturón en su casa y en las comidas que prescindir de esa cervecita en una terraza y ese aperitivo con un poquito de jamón que se asocia con “calidad de vida”.

Lo pasarán mal los alemanes, si llega la crisis, pero con esa mentalidad saldrán de ella. Como han salido de grandes retos históricos. La reunificación de Alemania en 1989-1990, planteada como se planteó, es decir, con unas decisiones económicas muy audaces (casi locas), ha sido uno de esos retos. El entonces Canciller Helmut Kohl se dio cuenta que éste era el único modo – y se hizo. Chirrió la maquinaria, hubo años de ajustes, pero al final el poderío económico se mantuvo.

¿Consideraciones baratas de psicología de los pueblos? Quizá. Pero está claro que no por mucho estar en el sitio de trabajo se genera más riqueza. Y si, además de riqueza, generas la posibilidad de estar en casa tempranito, miel sobre hojuelas, por utilizar una expresión que evoca un postre tradicional de La Mancha, la tierra e Don Quijote. Difícil, por cierto, calcular sus horas de trabajo…