Del homo sapiens al homo virtualis, por Raúl Bravo Sender

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Hoy el internet y las redes sociales han logrado cosas inimaginables para la sociedad. Acortan las distancias e integran naciones, pueblos, familias y personas. La información fluye a tal rapidez que lo que ocurre en cualquier parte del globo es conocido mundialmente. Todo ello nos viene permitiendo a los individuos tomar óptimas decisiones en cualquier ámbito: económico, político, social, cultural, familiar, etc. Sin embargo, estas herramientas son sólo eso: instrumentos, pues al fin y al cabo el fin sigue siendo la persona. Ahora ¿hasta qué punto puede desnaturalizarse la esencia misma del ser humano, el cual puede verse trastocado por estos medios?

Hoy nos preocupamos más y estamos pendientes de los likes que dieron a nuestras publicaciones del facebook, del comentario en el twitter o el grupo del whatsapp o, de las fotos subidas al instagram. Muy temprano el facebook nos avisa de las personas que están de onomástico, y de inmediato las saludamos como corresponde, pero más tarde cuando nos las encontramos no hacemos lo propio o atinamos a decirles que ya lo hicimos por el face. El –físico- saludo cordial y afectuoso de un gran abrazo o de una llamada por teléfono está siendo reemplazo por el –virtual- saludo con emoticones por las redes sociales. Las relaciones humanas se están virtualizando.

Recientemente en el Perú puede descargarse en los celulares la aplicación de un juego basado en un dibujo de los ´90 que mezcla lo virtual y lo real. No voy a detenerme a reflexionar sobre si el mismo es nocivo o no, pues cada quien es libre de descargarlo y jugarlo. Lo que sí me llama la atención es que éste puede ser el primer peldaño para olvidarnos de la realidad e ingresar a un mundo virtual en el que podemos perdernos como tales. Quizás el caso de un individuo, quien muy distraído por jugar esta aplicación cayó a la laguna de “El Olivar” en el distrito de San Isidro, grafique mejor lo que voy a decir a continuación: nos estamos olvidando de nuestra condición humana, de lo real y palpable, ingresando a un mundo que aún no dominamos.

Es posible que terminemos encadenados como aquellos hombres prisioneros en la caverna de Platón, incapaces de percibir la realidad y dar por única verdad sombras proyectadas en la pared por la hoguera. Lo paradójico es que aquellos nacieron así, prisioneros, pero nosotros mismos nos estamos encadenando. ¿Hacia dónde va la humanidad? Sin ánimo de ser futurista, es posible que la realidad que conocemos y percibimos –la física-, termine dando paso a la virtual. El ser humano desalojará el cuerpo físico que lo alberga y se mudará a la red virtual, existiendo como un conjunto de impulsos electromagnéticos comandados por lo que finalmente lo caracteriza: la voluntad. Quizás allí el homo sapiens logre vencer a la inmortalidad.

Poco a poco la humanidad ha ido venciendo ciertos obstáculos de la naturaleza. Para ello ha tenido que estudiarla con el propósito de comprender las leyes que la gobiernan. Desde la física, la química y la biología, hasta la moderna mecánica quántica. Y en esa empresa, al mismo tiempo ha tenido que hacerle frente a prejuicios y dogmas que, forjados en los ámbitos de la política y la religión, constituyeron un ancla para el desarrollo del conocimiento. Sólo en aquellos lugares en los que se garantiza la libertad es que más ha avanzado el mismo. Pero la naturaleza aún nos limita. Hoy, nos enfrentamos a nuestra propia naturaleza: el ser humano debe vencerse a sí mismo. Dios ha muerto y el superhombre nietzscheano ha resucitado.

¿Qué normas jurídicas y morales regirían en ese mundo virtual? ¿Desaparecerían los Estados y las naciones? ¿Seguiríamos distinguiendo entre varones y mujeres; niños, jóvenes, adultos y ancianos; blancos, negros y serranos; nacionales y extranjeros? ¿Las personas podrían adoptar la identidad que quisieran y cambiarla luego? Sin lugar a dudas, se trataría de un nuevo mundo por construir.