¡Denme un balcón y seré Presidente!

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Nuestro país es infinitamente contradictorio, en nuestra sociedad conviven la apatía e indiferencia por las cuestiones públicas y la política, pero al mismo tiempo, cada proceso electoral moviliza a miles de peruanos a comprar un kit electoral para cumplir el sueño del  partido propio.

Los triunfos de Belmont en 1989 y Fujimori en 1990, introdujeron un neologismo en nuestra política peruana: el outsider. Desde entonces, convertirse en un outsider ha sido el sueño de nuestros políticos ¿pero, quien no quisiera ser un outsider? llegar al poder, sin mayor esfuerzo, inversión, preparación, equipos, ni idea.

Durante los 90, el Fujimorismo emprendió una agresiva campaña contra los partidos, como parte de su anti política, las barreras de ingreso al sistema de partidos fueron reducidas a su mínima expresión, así cualquiera con algo de dinero y organización podía tener su partido

Caído el Fujimorismo, el sueño del outsider se mantuvo, el 2001 postularon a la Presidencia 8 candidatos, donde cerca de 24 fuerzas políticas estaban aliadas. Fue curiosamente, luego de promulgada la ley de partidos (que se suponía, ordenaría el sistema) el resultado: 20 candidatos presidenciales para la elección del 2006. El 2011 postularon la Presidencia a 10 candidatos, se produjeron alianzas por temor a la valla electoral.

Esta semana el JNE lanzó una campaña para impulsar una “reforma política”, pero llamarlo reforma es una exageración, en realidad son un conjunto de pequeñas medidas que abordan la forma, pero no el fondo: el Perú no necesita más partidos, necesita fortalecer los que existen, modernizar modelos organizativos, garantizar sus procesos democráticos internos, brindarles financiamiento público y por ende mayor fiscalización, por último, eliminar los movimientos regionales, que han devenido en plataformas de aventurerismo político.

Llamarle “reforma” a medidas como “eliminar o reducir las horas de la ley seca” o “elevar el número de firmas para pedir una revocatoria” o “eliminar el voto preferencial” es ser excesivamente generoso, están lejos de ser las soluciones de fondo para mejorar nuestro sistema de partidos.

Nuestra política debe fortalecerse institucionalmente, profesionalizándose, son los partidos políticos los medios para participar y llegar a cargos públicos, es deber de ellos, proveer un mínimo de capacidades a sus militantes para desarrollar con éxito una gestión, local, regional o nacional.

Actualmente, algunos organismos de cooperación internacional de países como Estados Unidos, Alemania, Suecia entre otros, brindan apoyo y financiamiento para la formación de cuadros políticos y profesionales en los partidos, esos países comprendieron hace mucho, que es más barato para la sociedad, capacitar a sus políticos que tener a improvisados e ineptos como gobernantes

Mientras más organizado y formal sea nuestro sistema de partidos, estaremos  menos expuestos a experimentos y aventuras de inescrupulosos que entran a la política cuando están al borde de la quiebra, o les cae la SUNAT o les abren investigación por lavado de activos

La reforma más importante, vendrá cuando nuestro sistema obligue a los actores principales: Los Candidatos (esto incluye a dirigentes de partidos tradicionales) a abandonar el excesivo cálculo y dejen de organizar candidaturas faltando 5 minutos antes de cerrar la inscripción, con la esperanza ridícula de ser “la tía bacán” que gana al champazo

Todas las campañas electorales culminan inexorablemente el día de la elección, pero no tienen fecha de inicio, está la decide el candidato, pues merecemos como país, como electores, que quien aspire a gobernar muestre una organización mínima, propuestas serias y trayectoria conocida.

José Velasco Ibarra, fue durante 40 años un político fundamental en Ecuador, el arquetipo del ególatra caudillo latinoamericano, logro ser Presidente 5 veces, fue perseguido, desterrado y encarcelado en diversas ocasiones por su perfil sinuoso y autoritario, retornando de alguno de sus exilios, proclamó a sus seguidores: ¡denme un balcón -en cada pueblo- y seré Presidente!

Nuestra política seguirá poblada de oportunistas, corsarios y piratas, mientras existan tantos kits electorales (y partidos-negocio) como balcones en cada pueblo.


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