Depresión y amigos, por Vincenzo Ferreccio

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“La mayoría de nosotros deseamos grandes experiencias porque nuestras propias vidas son tan limitadas, tan insoportablemente insulsas.  Deseamos experiencias profundas, perdurables y bellas. Pero no comprendemos ni siquiera lo que significa la palabra “experiencia”, y la mente que busca una experiencia es incapaz de comprender lo que es la verdad”. –Krishnamurti

¿Sabes cómo embelleces una enfermedad mental? Pídele a tu pareja que te traiga un chocolate por que estás con “depresión”, pónganse a ver una serie como “13 reasons why” juntos y, tomados de la mano, elijan a un personaje de la serie y digan en voz alta que se parecen a él o a ella. Por ejemplo, cuando yo salí de ver “The Joker” le comenté a toda mi familia que me había identificado con Arthur Fleck, y le añadí a mi catarsis el comentario siguiente: Si no me compran el traje del Guasón para Halloween me voy a tener que volver loco. ¿Qué tan bien embellecí a la psicosis? Compartan sus estados de ánimo por redes sociales, compartan memes, canten canciones de Arjona en voz alta; sus síntomas son bien notorios, alarmantes, pero, lastimosamente su enfermedad solo les afecta a  terceros, a los que padecen de trastornos mentales verdaderos, ustedes solo tienen una ignorancia bien tratable por dentro.

Les presento al T.O.C: Trastorno Obsesivo Compulsivo. El T.O.C llegó a mi vida como a un hombre que le llega la regla, algo inesperado y hasta con rasgos de realismo mágico. La enfermedad constaba de crear un vaticano de rituales y pensamientos irracionales en mi cabeza; al principio me costaba esfuerzo entender en que problemas se había metido mi cabeza para tener que tratar con esos pensamientos obsesivos que destruían la lógica de mi mundo, pero tarde me enteré, que aquella enfermedad era como una mancha marrón en mi cuerpo: había nacido con ella, y ahora era capaz de notar lo grande que se había vuelto, y lo imposible que se había echo removerla de mí. Ese trastorno es desagradable, sí. Y es como Dios, para mí existe y es incomprensible, aunque creo que también es más notorio que él. Soy la minoría de la minoría; el 20 por ciento del 37 por ciento. Más del 37 por ciento de la población peruana sufre enfermedades mentales y el 80% de ellos no recibe tratamiento.

Mientras sean espectadores de amigos que sufren este tipo de problemas, lo más cercano a la racionalidad que pueden hacer es recomendarles ir donde un profesional, que se sienten en un diván, que la ciencia, la psicología y la medicina los escuchen. No conviertan en moda sus sentimientos, ni tampoco en caridad sus pésames de pena, sean lo que para ellos mejor les conviene que seas: un hombro sano para recostarse

Los memes me desagradan, me desagradan las personas sanas que se sienten capaces de presumir un mal día convirtiéndolo en un “estado de depresión”, que te digan que todo va a estar bien por el pronóstico de tu horóscopo, sin sentir que el fuego de la ansiedad te consume mientras ellos; con toda la pluma del peso de un mundo que no les cuesta nada sostener, te dicen: “No estés triste”. Ese estado emocional no es una opción, es una condena, una condena que debemos aprender a aceptarla y a tratarla profesionalmente, sin que la ignorancia de terceros nos manche el panorama con sus ocurrencias vacías. Ahora tenemos otro problema aparte de tratar con nuestros cuadros patológicos, debemos tratar también con personas que se adjudicarán una sombra que no tienen ni tendrán nunca, pensando que la empatía se ha vuelto una meca de cadenas en redes sociales y que las pastillas han quedado reducidas a memes y emoticones. El emoticón más lindo que nos van a poder mandar a veces va a ser solamente tu silencio. Siéntete mal, sopórtalo, algún día ya pasará.

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