Descabezados, por Fernando Vega

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En 1945 la noticia de un pollo que vivió 18 meses sin cabeza remeció a la población de Colorado en Estados Unidos. El plumífero en cuestión se llamaba “Mike” y su destino era la olla del granjero, pero un mal cálculo en el hachazo le desprendió sólo el 90% de la cabeza. Así y todo, Mike siguió vivo y era alimentado diariamente con una cañita conectada a su garganta. El granjero ganó fama y dinero por todos los visitantes que iban a su granja a ver al fenómeno pues era increíble que el organismo del pollo fuese tan fuerte y se resistiese a morir pese a que su cerebro estaba “desconectado” y por ello careciese de control absoluto sobre sus movimientos.

La asociación entre Mike, el pollo, y la situación actual del país es inevitable. Acefalía absoluta en todos los niveles del gobierno y, sin embargo, el cuerpo (nosotros, el pueblo) sigue funcionando, resistiéndose a morir, simplemente subsistiendo.

Hoy ya nadie puede negar que el país se encuentra a la deriva, como un pollo sin cabeza, sin un rumbo determinado, deteniéndose ante cada obstáculo pero no para superarlo, sino para sencillamente evadirlo y seguir deambulando hasta el siguiente golpe.

La economía detenida con una inflación interanual en agosto que ya supera el 4%, sin ninguna inversión privada de magnitud, con el territorio sembrado de conflictos sociales cuya base ideológica es autoría del actual gobernante, quien en sus 2 campañas careció de cualquier escrúpulo con tal de hacerse con el poder, aunque para ello encendiese aún más el odio entre los peruanos. La única inversión que se viene realizando es con nuestros recursos a través de concesiones amañadas y entregadas a dedo a empresas cuyos propietarios y directivos están presos en sus países de origen por corrupción.

La inseguridad ciudadana ha alcanzado los niveles de finales de los 80s e inicios de los 90s. El lumpen no tiene reparos para colocar granadas de guerra en la puerta de colegios llenos de niños, San Isidro está en estado de alerta por los raqueteros que la circulan en modernos vehículos, al igual que en los conos los ciudadanos no pueden salir a la calle con un celular por el riesgo de recibir un balazo. Como respuesta a ello, un Ministro del Interior que presenta armas de juguete incautadas y piensa que con endurecer las penas, calificando prácticamente todo como terrorismo, el problema desaparecerá.

Un Poder Judicial que señala que los Petroaudios constituyen prueba prohibida y que deben quedar excluidos del proceso penal que lleva ya 7 años sin sentencia firme, en lo que la mayoría considera que es el preludio a la impunidad de la Reina porque las agendas seguirán la misma suerte. Donde una Jueza libera a 50 delincuentes que acababan de invadir a la fuerza una propiedad privada.

Un Congreso en el cual la bancada de gobierno se enfrenta a sus propios Ministros por el destino del Lote 192, pero donde cierran filas en defender a la Reina frente a la avalancha de denuncias cada vez más sustentadas por las turbias y boyantes finanzas de la familia Humala – Heredia.

Y en Palacio hoy el tema de las agendas ya tiene olor a muerto, por el extrañísimo fallecimiento de Emerson Fasabi, el vigilante privado de los Humala y a quien hoy pretenden negar. La Reina y su consorte están dedicados a ver como salvan el pellejo ante las evidencias de sus inexplicables y millonarios ingresos, en vez de dedicarse a aquello para lo cual fueros elegidos (sí, “fueron”, porque hablando claro, se votó por la pareja y no solo por el fronterizo candidato Nacionalista).

A estas alturas, los Humala Heredia solo acuden a las inauguraciones protocolares ya agendadas pero de gobernar, nada. Solo están haciendo tiempo hasta que la campaña “reviente” y el ojo público se aleje de ellos y se dirija a lo que va a ser una matanza entre Keiko, García y PPK.

Hoy el Perú está a la deriva como Mike, dando tumbos y retrocediendo, pues en este mundo el que no avanza retrocede, pese a que cuando llegaron al poder estos improvisados, el país estaba en inmejorables condiciones para poder dar el tan anhelado salto en dirección a un primer mundo cada día más esquivo.

Este pollo sobrevivirá, siempre lo hace, pero habremos perdido nuevas y únicas oportunidades de seguir creciendo y eliminando la desigualdad que nos lacera como compatriotas y nos aleja cada vez más del sueño de poder llamarnos una verdadera nación.

Como diría Vallejo, y el pollo, ¡ay!, siguió muriendo…