Desde John F. Kennedy hasta Amy Coney Barrett, por Federico Prieto Celi

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John F. Kennedy fue presidente de los Estados Unidos del 20 de enero de 1961 al 22 de noviembre de 1963, en que fue asesinado. Marcó un hito en la historia de ese país por ser el primer católico elegido para el cargo. Ello significaba el fin de la mentalidad puritana, de que un católico no podía ocupar ese cargo, porque existía el impedimento de doble obediencia, al papa de un lado, y a la constitución de los Estados Unidos, de otra. El gobierno de Kennedy demostró que no había incompatibilidad, entre otras cosas porque la moral y la política se basan en el orden natural.

Aunque han pasado más de cincuenta años, y aunque parezca mentira, esa mentalidad absurda, ha reaparecido ahora, con motivo del nombramiento del presidente Donald Trump a Amy Coney Barrett, para suceder a la difunta juez Ruth Bader Ginsburg en la Corte Suprema de Estados Unidos. Como se decía de Kennedy, Trump la ha calificado como persona de «intelecto imponente», de  «lealtad inquebrantable a la Constitución» y  «una de las mentes legales más brillantes y talentosas de nuestra nación». Ocurre que esta mujer es católica practicante, casada, madre de cinco hijos y dos haitianos adoptivos.

El ejercicio del voto de conciencia o voto de criterio en el ejercicio de jueces y magistrados puede depender de si quien debe darlo cree en el orden natural, en el derecho natural, y en la armonía del derecho positivo (incluida la constitución)  al orden natural y al derecho natural; o si es un liberal que solo acepta el derecho positivo, siempre que esté respaldado por una mayoría dada, aunque contradiga la verdad y la justicia, el bien común y el orden. La polémica se reduce a dos bandos: naturalistas  y positivistas.

En muchos casos, el cambio de  una ley se puede deber a una modificación de la realidad social o a un descubrimiento científico que permite ver mejor un aspecto puntual de la verdad. No hay problema. En muchos otros casos, se trata de cambios intrascendentes, como el lado por el que los autos pueden circular en una carretera de doble sentido o el color de los uniformes de los soldados. No hay problema. Ahí conservadores y liberales están de acuerdo; o el posible desacuerdo se decidirá, entonces democráticamente, por el número de votos de  unos y otros.

Pero hay casos donde las dos posturas chocan. Para los naturalistas (en Estados Unidos los llaman conservadores y constitucionalistas originarios) los  conceptos naturales de filosofía, educación o derecho tienen importancia. El derecho es la construcción oral y escrita de este orden natural, en las materias que lo exija la convivencia pacífica entre las gentes.  Una ley respaldada por una verdad objetiva no se puede cambiar por otra respaldada por una mentira o un engaño, cosa que los positivistas (en Estados Unidos, liberales o constitucionalistas vivos) hacen constantemente: cualquier ley que antes decía sí, ahora puede decir no. Desde el punto de vista del derecho, se trata de una polémica que existirá mientras haya una población que parta del principio del orden natural de las cosas y otro simplemente de la voluntad individual de la mayoría.

 

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