Detachment: la importancia de trinidad de la educación

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“Detachment” (2011) es una película dirigida por Tony Kaye y producida por Adrien Brody, quien, además, posee el rol protagónico. Su trama gira en torno a la educación en una escuela para jóvenes con problemas de adaptación en la sociedad por lo que contiene escenas fortísimas por su alto grado de emoción, falta de valores y realidad, una realidad de la que tal vez muchos no hayan vivido, pero no por ello exagerada ni desmerecida. De esta manera, todos estos elementos que la componen invitan a la reflexión y al cuestionamiento del sistema educativo que, bajo mi punto de vista, se basa en una trinidad compuesta por el profesor, el alumno y los padres.

En primer lugar, los diversos profesores logran conformar en su conjunto una imagen compleja dentro de la cinta cinematográfica. Todos comparten elementos comunes como la carga de problemas personales que deben dejar de lado al ingresar a la escuela para que esta no interfiera con sus labores académicas y la creencia de que pueden causar un impacto en los estudiantes. Es por ello que la importancia de su rol en la educación es la de guiar a los jóvenes, proveerlos de conocimientos y ofrecerles la ayuda que necesitan.

En la película, Adrien Brody juega el papel del profesor sustituto, Henry Barthes. El primer día de clase los alumnos se muestran irrespetuosos y agresivos; sin embargo, la situación cambia paulatinamente esto se debe a la metodología que aplica como la regla “si no desean estar aquí, no vengan”, algo que conmociona a todos en el aula. Además, trata de dictar las clases con un lenguaje vulgar, en ciertos momentos, para captar su atención, amenizar el contenido que trata de enseñar y que ellos puedan entender con facilidad el mensaje. Barthes no solo cumple el rol de profesor en la escuela, sino también en una dimensión más personal como cuando le da asilo a Erika, una menor de edad que trabaja como prostituta, y cuida de ella y le enseña ciertas

En segundo lugar, el estudiante es aquel que recibe guía de los profesores y padres, con lo que debería formar un camino de éxito para su futuro; sin embargo, en la película, este personaje está representado por alumnos rebeldes, sin motivaciones ni objetivos y sin valores. Muchos de ellos parecen no querer ser salvados. En oposición a esta imagen, aparece un caso peculiar: Meredith, una estudiante que se enamora del profesor Barthes y que busca su propia salvación de los demonios que la acechan a través de la fotografía y las clases de Barthes; sin embargo, él se muestra distante, indiferente, lo que finalmente lleva a Meredith a suicidarse mediante envenenamiento.

Por último, los padres. Las pocas veces que aparecen en la cinta, demuestran el mismo comportamiento contraproducente que sus hijos, creen que la violencia verbal es el medio para infundir terror y, este, la solución a los problemas. Vale la pena rescatar la escena de la reunión de padres de familia con los profesores: ningún padre asistió. Definitivamente su ausencia es lo que más destaca a lo largo de la película.

Esta trinidad es de suma importancia, pues cada agente cumple la función de pequeños engranes que permiten el buen desempeño del sistema educativo. En especial, los padres como los profesores proveen el soporte que necesita el estudiante. Eso se ve ilustrado en el caso de Meredith, quien no era comprendida por su padre y al no encontrar el apoyo en Barthes, decidió suicidarse. También en el caso de Erika, quien no tenía familia pero que, a diferencia de Meredith, logró superar los problemas gracias a la ayuda de Barthes. Sin embargo, durante toda la cinta cinematográfica, hay un “detachment”, es decir, desapego, desinterés, indiferencia entre todos estos miembros, lo que conlleva al colapso del sistema que está representado en el cierre de la escuela, una de las tantas metáforas a lo largo de la película.