Dice un dicho político: “que hablen, que hablen bien o mal, pero que hablen”

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Dice un dicho político: ¨que hablen, que hablen bien o mal, pero que hablen¨ y es que este dicho muy pragmático goza de una validez rotunda porque así hacen muchas veces campaña gratuita.

Esto ha ocurrido la última semana con la candidata a la Alcaldía de San Isidro, Madeleine Osterling Letts, y con su última propaganda “El San Isidro de Madeleine” dónde nos muestra sus propuestas, las mismas que son viables y se pueden realizar, especialmente la del Parque Central de San Isidro que según la autoridad de planeamiento de Lima es factible.

Al fin y al cabo esta y las otras propuestas de la referida candidata son para San Isidro y no para Lima —entendiendo que como efecto dominó, podrán beneficiar, a la larga, a nuestra ciudad—piensa en la necesidad de los vecinos de San Isidro y no propone lo que alguna vez escuche por parte de la actual alcaldesa de Lima, “Costa Verde para todos” cuando podría haberse preocupado más en gestionar el cómo hacerle llegar agua, luz u otras cosas más necesarias a los sectores más olvidados de nuestra ciudad.

Algo que siempre me ha preocupado es por qué muchas veces, como sociedad, aceptamos ciertos tipos de discriminación: hemos escuchado de todo hacia la candidata “pituca”. Esto quieran o no es también un tipo de discriminación, discriminación que aceptamos y de la que nos reímos, pero en el fondo le hacemos un daño terrible a una sociedad que ya de por sí está muy fragmentada.

Sé que si mañana el tipo de discriminación iría del lado contrario del espectro político con las palabras contrarias media población estaría encima tachando y sepultando a la persona que lo dijo y defendiendo a capa y espada a la persona que fue objeto de los comentarios.

Yo sigo sin entender cuál es el problema que la candidata haya sido hija de un político reconocido, sobrina de un reconocido empresario multimillonario limeño o como lo es ella misma una reconocida abogada.

Me gustaría —y lo digo en todos los ámbitos que en el Perú— que las personas exitosas y profesionales sean aplaudidos, ¡¿por qué preferimos a alguien que se victimice y sepultamos a alguien por sus éxitos?! Por qué mejor, sencillamente, no lo incentivamos, para que así, más gente exitosa pueda llegar al servicio publico y cumplir con un deber para con la sociedad, que es una forma de retribuirle al país lo que ha ganado con su experiencia y ahora puede aplicarla en el servicio público, como Madeleine Osterling, quien en vez de hacer la vida más fácil y quedarse sentada en su oficina dentro del ámbito privado, donde evidentemente ganaría más y no tendría tantos problemas, prefiere comerse los problemas y enfrentarlos, los peruanos somos muy “anti” en vez de ser “pro” y creo que un poco de positivismo en estas cosas harían mucho bien.