Dime con quién andas, por Gonzalo Ramírez de la Torre

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Una de las cosas que ha caracterizado a la izquierda peruana a lo largo de los años es su incapacidad patológica para operar unida. La razón de esto se hace evidente cuando se toma en cuenta el cisma que se dio en el Frente Amplio, del que terminó emergiendo la bancada de Nuevo Perú: los egos zurdos pesan demasiado. En este caso los temperamentos que se enfrentaban eran el de Marco Arana, dueño de la inscripción del partido y Verónika Mendoza, quien haciéndose de las elecciones internas postuló a la presidencia de la República en el 2016. Una vez en el congreso no pudieron continuar de la mano y se dividieron.

Sin embargo, la señora Mendoza, quizá con un ojo en el 2021 (aunque ella lo niega), ha decidido construir nuevas amistades, específicamente con el ex gobernante de Cajamarca y ex presidiario Gregorio Santos. Como una relación que se quiere hacer pública a través de rumores esparcidos por las revistas de chismes, ambos políticos se han dejado fotografiar juntos en más de una ocasión. La última se dio en Cusco, donde discutieron “la necesidad de una nueva constitución”.

Sí, no existe analista político que no haya insistido en el diagnóstico de que muchas de las derrotas de la izquierda se sustentan en que hacen política compitiendo entre ellos mismos. No obstante, el acercamiento de Mendoza con Santos podría verse como un gesto desesperado de parte de la primera. Casi como si se hubiera tomado tan al pie de la letra la importancia de ir unida a otro líder de izquierda que no le molestó darle la mano al más impresentable de estos.

Dicho esto, empero, seríamos muy mezquinos si evaluamos el contubernio entre Mendoza y Santos como un simple grito de desesperación de la ex candidata. Si la ex congresista no tiene reparo en dejarse fotografiar junto a este señor es porque no le molesta ser vinculada políticamente a él. En política no hay fotos gratuitas ni apretones de manos que no entrañen un mensaje y lo que este par está diciendo es: “hasta la victoria siempre, juntitos”.

En este contexto, la frase “dime con quién andas y te diré quién eres”, adquiere un peso especial y en el caso de Mendoza, su acercamiento con Santos, deja clarísimo (o, mejor dicho, confirma) quién es verdaderamente, aunque sea en el plano político.

Y es que ‘Goyo’ es, tranquilamente, uno de los elementos más indeseables de la política peruana. El individuo no solo está rodeado de graves acusaciones de corrupción, también, por su admiración, enfáticamente verbalizada, por el régimen autoritario de Maduro, deja claro que tiene un aprecio muy precario por el sistema democrático.

Pero ¿en verdad sorprende que ‘Vero’ se muestre cercana a Santos? Sin duda ambos ex candidatos tienen cosas en común. No solo comparten el afán por cambiar la constitución (letanía que, en realidad, repiten todos los izquierdistas del Perú), también suelen estar en sintonía en muchos asuntos de la coyuntura nacional. En lo que respecta a cómo ven a Venezuela, Santos es un admirador abierto y Mendoza patalea cada vez que tiene que condenar al régimen de Maduro, pero su actitud deja claro que para ella los atropellos de este gobierno pueden ser fácilmente soslayados.

Lo cierto de todo esto es que si Verónika Mendoza decide trabajar políticamente con Gregorio Santos, es porque la señora tiene poco o ningún reparo por el mensaje político que esto da y poca preocupación por el prontuario de su nuevo compañero. Poco le importa a la ex candidata que ‘Goyo’ tenga serias acusaciones de corrupción (nada nuevo en el caso de Mendoza, en vista a su pasada relación con los Humala) y poco le importa que admire ciertas dictaduras caribeñas ¿Quizá le importa más el poder que esta posible alianza le pueda traer? O quizá, simplemente, son más parecidos de lo que algunos ‘verolovers’ pensaban.

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