Dos tendencias en el Episcopado, por Federico Prieto Celi

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Varios diarios han hablado de cisma en la Iglesia del Perú, a raíz del pronunciamiento de un grupo de obispos, el 20 de agosto pasado. Una exageración de brocha gorda. Lo que ha ocurrido es que un grupo de obispos ha hecho ver a los fieles su punto de vista, distinto del punto de vista del otro grupo, el de los que no han firmado.

En el Perú, como en toda América Latina  –y otras regiones de la Iglesia universal-  hay tendencias. En este caso, un grupo que quiere defender la moral cristiana en la vida pública de manera clara y abierta, a través de los medios,  y otro grupo que lo hace a través de la nomenclatura eclesiástica –léase conferencia episcopal-, instancia que les es muy querida.

Pero todos los obispos viven la comunión en la doctrina y en la moral de la Iglesia de Cristo. Por ejemplo, todos están de acuerdo en la doctrina sobre la Eucaristía: La Eucaristía es memorial del sacrificio de Cristo, en el sentido de que hace presente y actual el sacrificio que Cristo ha ofrecido al Padre, una vez por todas, sobre la Cruz en favor de la humanidad, como enseña el catecismo. Lo mismo pasa con la moral cristiana.

Todos están de acuerdo en pensar que la vida humana debe ser respetada y salvaguardada desde el primer momento de la concepción hasta su muerte natural, como afirmó valientemente el Papa Pablo VI. Todos están de acuerdo en pensar que la ideología de género radicaliza hasta la locura el principio cristiano de respeto e igualdad de dignidad y derechosa entre los varones y a las mujeres, como enseñó magistralmente san Juan Pablo II.

Todos están de acuerdo en que el matrimonio es la unión entre un hombre y una mujer. Creando al hombre y a la mujer, los ha llamado en el matrimonio a una íntima comunión de vida y amor entre ellos, «de manera que ya no son dos, sino una sola carne». Al bendecirlos, Dios les dijo: «Creced y multiplicaos», como exponen la Escritura y el Magisterio.

Todos están de acuerdo, también en el derecho de la Iglesia, en que las universidades católicas –y con mayor razón las pontificias-, sigan libre y responsablemente la doctrina de la fe, las enseñanzas morales y la disciplina del derecho canónico, como es obvio.

Lo que ocurre, hoy como ayer, es que hay tendencias. Los que defienden al cardenal Cipriani, principal defensor de ese credo, esa moral y esa disciplina canónica; y quienes, al parecer, tienen otros planes personales.