Dura Pelota

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No, no es un artículo de futbol ni de la Copa América, se que es casi imposible obviar un evento de tanta magnitud en el mundo del deporte pero por el momento condenaré al breve olvido a este pequeño trofeo de metal.  Lo de hoy es importante, es nacional, y es nada más y nada menos que las acciones e imagen de nuestra primera dama Nadine Heredia.

Comencemos de manera sencilla: en el Perú no nos faltan pillos ni bandidos vestidos de terno, vestidos de harapos; todos tienen esa misma “brillantez” de velar por sus intereses o la de sus grupos cercanos para manipular, controlar y someter algunos de los miles de elementos burocráticos o económicos que pueden alcanzar. Me refiero a la capacidad de cualquiera de ser un manipulador por excelencia, desde su vecino hasta usted, todos nos podemos tornar en pequeños corruptos en mayor o menor medida. La diferencia recae en las consecuencias y alcance de nuestros actos: sobornar a un policía para evitar una multa está mal, no rendir accountability por parte de la pareja presidencial aún peor.

Pero ¿qué es accountability? sin ir muy lejos, es la rendición de cuentas por parte de figuras públicas con el Estado, así de simple, no suena demasiado complicado ¿O sí? Hasta ahora no veo al primer congresista, presidente, lo que sea, levantarse y decir “mis gastos son esto y aquello”. Acá suena a utopía encontrar miembros políticos sin “rabo de paja”, no iré más lejos, arrancaré mi testamento analizando profundamente a esta mujer (desde ningún punto de vista misógino).

Múltiples cuentas, números de campaña incompletos, Hábeas Corpus, toda esta sucesión de hechos ha traído consigo la caída completa de la pareja presidencial en el tiempo presente; digo presente por que quien sabe a futuro (mismo caso Alan García). Un claro ejemplo: me dirigía a la universidad y le pregunte al taxista su opinión acerca de Nadine, estaba bastante informado, conocía de Belaunde, su respuesta fue sencilla “ojalá se largue este presidente y su mujer”. Le pregunté por qué y cortó tajantemente “por corruptos”. Nadine debe comprender que su petición de recurso jurídico, Hábeas Corpus, solo la hace quedar como una persona sin escrúpulos, otra figura pública que se une a la larga lista de políticos peruanos sumidos en incertidumbre.

La imagen de Nadine  hoy es turbia, pensar en aquellas promesas demagógicas hechas antes de entrar al palacio solo terminarán por empeorar la ya precaria situación. Es vista como símbolo de desperdicio, como símbolo de derrota y de pasado inútil. Lo que le queda a nuestra damisela de porcelana es rogar por que este gobierno acabe más rápido de lo que espera, mientras tanto, que disfrute sus regalos de Chanel y sus vestidos de encaje, pero que no olvide, dio demasiadas vueltas que los medios terminarán usando en su contra.