Economía compartida: ¿Moda o revolución?

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Es innato en el ser humano el querer tener siempre más, el sentido del tener se moviliza en la actitud de poseer, sin embargo esa actitud empieza a ser abordada de forma distinta en un mundo donde la mayoría de los recursos son poseídos por pocos. Según el Reporte Global de Riqueza del 2013 publicado por el Credit Suisse Research Institute, el 10 % de la población posee el 86% del total de la riqueza del planeta. Más allá de los activos o el mismo dinero, lo que queda claro es que para que la mayor parte de personas pueda alcanzar a disfrutar los recursos, que están en manos de los pocos que la poseen, es necesario un cambio.

La Economía Compartida cambia la aproximación al sentido de posesión. Es decir, si una gran parte de personas en el mundo no tiene los recursos para poseer algo, o no les es necesario ser propietarios de ese algo, les basta con simplemente poder usarlo. Si queremos llevarlo a un plano comercial el “consumir” no necesariamente es “tener”, el “consumir” puede ser simplemente “usar”.
Este innovador fenómeno tiene como uno de sus pilares la intención de dinamizar bienes infrautilizados, y esa intención se fundamenta en la confianza. Sabemos bien que en Latinoamérica, en muchos aspectos, hay barreras al confiar, no sólo por la diversidad sino también por la inseguridad que existe. No obstante, la economía compartida es una tendencia mundial que gracias al componente tecnológico esta creciendo de manera exponencial, empenzando a revolucionar grandes industrias, y creemos muy dificil que Latinoamérica pueda hacer caso omiso a esto.

Hoy en el mundo gracias a la tecnología hay nuevas necesidades sociales que se suman a las ya tradicionales; las personas se agrupan o, digamoslo así, se conectan de formas distintas bajo vínculos no tan sólidos como tradicionalmente han tenido las relaciones sociales como la patria, familia, trabajo, etc. Estos vínculos débiles no reemplazan ni anulan los vínculos fuertes tradicionales, simplemente aportan y las complementan para crear nuevas comunidades sociales y/o económicas.

Estas nuevas comunidades se fundamentan en reglas reputacionales, así las personas que no se conocen unas a otras interactúan y se evalúan mutuamente de forma online, por lo que cada interacción deja un regitro de cómo fue esa interacción, y sirve en el futuro como una señal para las demás personas sobre la reputación de las personas desconocidas en la comunidad. Cuando llevamos lo descrito anteriormente a grandes cantidades de interacciones, valoraciones y reputaciones se genera suficiente información para confiar en un servicio de una comunidad basada en vínculos débiles.

Además de wikipedia, las plataformas de crowdfounding, la placa arduino, la moneda digital Bitcoin, etc. los casos más exitosos son Uber y Airbnb, que nos llevan directamente a los desafíos que afronta la economía compartida. Definitivamente a absolver cuestionamientos sobre la legalidad de los servicios, su frecuencia y tiempo, la relación laboral que genera, los temas tributarios, el riesgo de un evento negativo o fraude, etc. Lo que es cierto es que si la economía compartida fuera una moda no se habría generado tanto problema a los gobiernos e industrias en tantos países.

Según PricewaterhouseCoopers, una de las consultoras top a nivel mundial, la economía compartida tendra un crecimiento a nivel global, de 15 billones de dólares en 2014 a 335 billones de dólares en el 2025. En efecto, este nuevo movimiento de la economía compartida ha llegado para quedarse.La decisión entre conocer más de ella para adoptarla y entenderla o optar por criticarla y tacharla es de cada uno de nosotros.