Economía y política ¿Cuerdas separadas?, por Óscar Peña Díaz

"Hoy más que nunca no podemos permitirnos entregar el país a un gobierno de extrema izquierda, antidemocrático y que busca regresar a las políticas que en los años ochenta causaron pobreza, hiperinflación, cierre de las exportaciones y desempleo".

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La democracia peruana gusta de balancearse constantemente a través de un delgado hilo del que se prueba siempre ver hasta donde estira. En los últimos 5 años el impacto de la política en la vida de los peruanos ha sido mucho más notoria y concreta, a diferencia de lo que muchas veces se comentaba de que en Perú la economía y la política van por cuerdas separadas, esta realidad ya cambió.

En los últimos cinco años el crecimiento del PBI se ralentizó, siendo ello el principal síntoma para medir la temperatura de una economía emergente. Esto sumado a los retos de la pandemia, hoy tenemos un estado hundido en la mediocridad y con un ánimo de entregar el poder lo antes posible, en otras palabras: Perú es una papa caliente.

Es justo aceptar que este ha sido el peor quinquenio en muchas décadas, lejos está el recuerdo de un “gabinete de lujo” y del optimismo del 2016.

El Perú de hoy no es el mismo de hace cinco años, nos encontramos rumbo a un camino de recesión, el consumo no se ha recuperado y hace mucho que se rompió la famosa “cadena de pagos”. A nivel del ciudadano ser informal es lo más lógico, desde hace mucho el estado peruano se ha vuelto una traba para el mundo de los emprendedores. Esto ha ocasionado que no existan mayores incentivos para que las personas confíen o se interesen nuevamente en la política, el resultado un gran ausentismo en las urnas. Los tiempos actuales no acompañan al optimismo incalculable del peruano promedio, el panorama de la segunda vuelta tiene un sabor agridulce que no gusta a toda la población.

La primera cuerda: Política

Por un lado Pedro Castillo que no sabe disimular sus verdaderas intenciones, apoya abiertamente al régimen dictatorial de Venezuela, quiere “tumbarse” el Tribunal Constitucional, imponer una nueva constitución, habla abiertamente de cerrar el congreso y entre otras de sus fantasías es querer dictar lo que se puede ver en televisión. A nivel de su programa económico resalta anular tratados y acuerdos de libre comercio, desliza la posibilidad de no pagar la deuda externa y de nacionalizar industrias mineras, petroleras entre otras extractivas. Un claro viaje a los 80, ya que todas estas ilusiones o propuestas ya se probaron en el pasado y tuvieron un rotundo fracaso.

Es muy sencillo encontrar un sin fin de videos de internet del principal líder del partido Perú Libre,  condenado por corrupción cabe mencionar, y es muy fácil reconocer su desprecio por la democracia teniendo como única arma el hablar de los problemas del país, polarizar a Lima versus las provincias. En esa misma línea, tenemos al candidato Pedro Castillo que no logra responder ni articular una frase completa cuando se le pregunta algo sencillo sobre economía o el manejo de la pandemia. Ni el Ollanta del 2006 se atrevió a tanto, esto sería claramente un salto al vacío y más de 5 años perdidos.

Las vueltas que da la vida hacen que el salvavidas de un fracaso anunciado sea Keiko Fujimori, encarcelada más de una vez a punta de prisión preventiva y puesta en libertad por el Tribunal Constitucional. Es claro que aunque el trago sea amargo para un sector de la población, no existe otro escenario alternativo, no existe una tercera vía a elegir. A la candidata para convencer debe empezar a hablar de garantes y consensos con las fuerzas políticas. 

La segunda cuerda: Economía

Los 6 millones de desempleados, los miles negocios quebrados, los cerca de 200 mil universitarios que vieron truncados sus estudios y todo aquel que tenga algo que perder debe pensar dos veces si un voto nulo o en blanco sirve para algo. Los incentivos para que Keiko Fujimori busque hacer un buen gobierno es mucho mayor que la de cometer los mismos errores del pasado, es una clara oportunidad para reivindicar su imagen y su papel dentro de la política peruana. Por lo tanto, como vemos la economía y la política ya no van por cuerdas separadas.

Hoy más que nunca no podemos permitirnos entregar el país a un gobierno de extrema izquierda, antidemocrático y que busca regresar a las políticas que en los años ochenta causaron pobreza, hiperinflación, cierre de las exportaciones, desempleo y que por lo menos dos generaciones se pierdan a raíz de experimentar con la economía por el “bien del pueblo”. Concluimos que ambas cuerdas ya no están separadas y las decisiones electorales que se tomen, afectarán a la economía de las personas y en especial de los más pobres.

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