[EDITORIAL] ¿El fin de una época oscura?

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La semana pasada un grupo de importantes personajes de la FIFA fueron arrestados sacudiendo el mundo del fútbol. Entre los detenidos se encontraban dos vicepresidentes de FIFA. Asimismo, en Suiza los fiscales federales decidieron abrir un proceso penal relacionado a los indicios de soborno relativos a la asignación de la sede del Mundial para los años 2018 (Rusia) y 2022 (Qatar). Todo lo dicho se agrega al anuncio de la Fiscalía General de los EEUU que devela 24 años de corrupción sistemática y sobornos entre funcionarios de la organización deportiva.

Mientras esto sucedía, en la sede de la FIFA se reunían todos los directos representantes de las distintas federaciones y reelegían a Sepp Blatter como su presidente, en un claro acto de desafío. Esta sólo fue la consecuencia natural de la actitud de la organización frente a todas las acusaciones. No es que Sepp Blatter no pueda controlar al detalle lo que hace cada federación, es que la FIFA siempre ha encubierto y defendido a sus funcionarios en todos los niveles amparándose en su naturaleza privada. Así lo han hecho en el Perú y en otras partes del mundo..

Ahora, para alegría de muchos Sepp Blatter ha renunciado, esto ante la presión de gobiernos y de empresas que auspician a la asociación. Sin embargo, nos debe quedar claro que eso no tendrá significancia alguna para una organización que más allá del mandato de su defenestrado presidente ha consolidado una práctica corrupta en todos sus niveles con el objetivo de enriquecer a sus directivos en desmedro del deporte. Blatter no ha sido el único presidente corrupto que ha tenido la FIFA, en su momento Joao Havelange que fue separado de su puesto en 1998. Por lo tanto, asumimos los sucesos recientes como la punta de un iceberg que nos develará a una organización completamente deslegitimizada para ser acometiendo sus objetivos, sin fines de lucro.

Más allá del impacto que pueda tener en el desarrollo del fútbol, el caso es relevante por las dimensiones y naturaleza de esta asociación. Se trata de una entidad sin fines de lucro con alcance global que ha devenido en una supuesta mafia. No todos los días ocurre esto, menos con una organización con la capacidad para forzar a países como Brasil a cambiar sus normas con el fin de satisfacer a sus auspiciadores y a construir estadios que hoy están abandonados y sirven como millonarias playas de estacionamiento. Ese es, sin duda, el rostro de la verdadera corrupción internacional.

Lo que queda ahora es llamar a los gobiernos a profundizar las investigaciones contra los representantes respectivos de la FIFA y acabar con estas prácticas, ya que esta podría ser una organización, no sin fines de lucro, pero con fines para delinquir. El peor rostro del mundo corporativo disfrazado de asociación deportiva.


Fuente: www.nieuwsblad.be