Editorial: El Frente marchito

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“Aunque no quise el regreso”, canta Carlos Gardel en ‘Volver’, “Siempre se vuelve al primer amor”. En este caso no es ‘amor’ al que vuelve la izquierda nacional sino a otro viejo vicio, harto característico de ella: querer ponerse de acuerdo, pero fallar en el intento. Y es que luego de los últimos comicios, donde la izquierda se hizo de una porción de poder que hace tiempo no ostentaba, debe ser doloroso para los que apoyaron a Verónika Mendoza y a su conglomerado, verlos fraccionarse, disputándose el derecho a piso en la agrupación.

Atrás quedaron los días cuando Mendoza y sus adláteres festejaban el puesto obtenido en las elecciones, donde se comprometían con continuar su cruzada y, sobre todo, su intención de ‘dignificar’ la política. No tuvo que pasar mucho tiempo para que el mensaje de victoria sea reemplazado, más bien, por noticias que demostraban que al interior del Frente Amplio (FA), no se estaban llevando muy bien.

De hecho, más de un comentarista político ha acusado la existencia de una inquina entre la excandidata presidencial y Marco Arana, líder de Tierra y Libertad (TyL). Esta podría haber pasado desapercibida si no fuera porque, a mediados de julio,  TyL decidió cerrar el padrón para que ninguna otra agrupación o individuo pueda inscribirse en el FA. Quedaba clarísimo dónde residía la preocupación de Arana, temía que si muchos eran “invitados a la fiesta”, al final del día se “quedan con su casa”, como si el rol de un líder en un partido político se pudiera licuar como acciones en  una empresa cuando aumenta el capital. Harto lamentable tratándose de una agrupación que buscaba resaltar por su ‘amplitud’ y un gesto que pareció no hacer muy feliz a Mendoza y compañía.

Otra razón de escozor en el Frente Amplio se suscitó por la designación de un salario a Verónika Mendoza, que saldría de un diezmo del 10% de las ganancias de sus congresistas. La oposición a la medida no carece de lógica pues, como dice el parlamentario Wilbert Rozas, la excandidata no es la única con aspiraciones presidenciales y esto daría a entender que, contrario a lo que alguna vez sostuvieron, no todos podrán competir en igualdad de condiciones en el Frente Amplio para tentar la Presidencia.

Pero así como la agrupación se ha contradicho con facilidad en lo que respecta a su ‘amplitud’ y a su aversión por los caudillismos, han tenido, también, fricciones que han resultado en gestos concretos. La reciente remoción de Marisa Glave, Pedro Francke e Irma Pflucker de sus cargos de representantes de TyL en Comité Permanente del FA, ha dejado poco para la imaginación, la cercanía de estos a Mendoza ha preocupado a la facción del exsacerdote.

Qué duda cabe, entonces, que el Frente Amplio, hoy en día, no es más que el escenario para un tira y afloja entre dos caudillos que buscan ostentar el máximo poder: Verónika Mendoza y Marco Arana.  Queda claro que todo ha dejado de ser color de rosa en el Frente Amplio y que, así, la izquierda vuelve a sus raíces de atomización y de personalidades que velan por sus propios intereses y no por la de sus partidos. La izquierda reincide en sus errores, vuelve hoy, qué duda cabe, con el Frente marchito.