[EDITORIAL] Humala de salida

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El Presidente Ollanta Humala se prepara para dejar el poder tras un gobierno sin brillo alguno. De hecho, el fundador del Partido Nacionalista se despedirá siendo recordado más por las intromisiones de su esposa en la gestión, la falta de liderazgo para articular una bancada oficialista, unos esfuerzos contradictorios para estimular la economia y sobre todo una serie de intrigas con aroma a corrupción que en gran medida confluyen en las páginas de ciertas libretas de propiedad de la Primera Dama. De la inclusión social y la lucha contra la pobreza, solo se puede decir que han aumentado en los últimos años.

El Presidente, cuando competía por alcanzar la segunda vuelta, apeló al discurso que había marcado su carrera política. Aquel que se enfrentaba al neoliberalismo, saludando con cariño fraterno a las dictaduras bolivarianas y  arremetiendo con verbo violento contra la empresa privada, especialmente contra las mineras, formando parte de los que abanderaban el lema “agua sí, oro no” que tan popular fue en ciertos sectores. Sin embargo, una vez alcanzada la segunda vuelta el discurso se moderaría, buscando más bien proyectar la imagen de un gobierno que concilie las fuerzas políticas y respete el sistema económico. Atrás también quedo el gas a doce soles, un hospital en cada provincia y la lucha por enviar al penal de La Sepa (en la selva) a todos los corruptos.

Humala demostraría no tener las capacidades de concilio y concertación que planteó pues asustaría y ‘pechearía’ a la oposición en la toma de mando, con muchos de sus funcionarios juramentando por la constitución de 1979. Muchos creyeron que en ese momento que el Ollanta Humala de camisa blanca estaba pateando el tablero para que finalmente gobierne su alter-ego de polo rojo y puño alzado, pero el vigor y el desafío quedarían ahí pues a pesar del ruido, y por el bien de país, optó por el camino más cuerdo. No obstante, eso le causaría la perdida de algunos parlamentarios que se sumaron a las huestes nacionalistas por la promesa de una ‘Gran transformación’ y fueron sorprendidos por la implementación de una ‘hoja de ruta’. A estas alturas el nacionalismo ha perdido 24 congresistas y en ocasiones la bancada oficialista no ha tenido reparos en darle la espalda al Ejecutivo, como sucedió con el asunto del Lote 192.

Más allá de los asuntos internos, ha sido difícil para el presidente lidiar políticamente con la oposición. La complicación no fue tanto porque la oposición fuera necia y optara por darle la contra al gobierno sino que, por ingenuidad o torpeza, el mandatario gustaba de pronunciar ciertas frases que no ayudaban a poner al adversario de su lado. Se recuerda cómo, cuando quería aprobar un paquete de medias para la reactivación de la economía el año pasado, salió a llamar a Fuerza Popular, el segundo partido con mayor presencia parlamentaria, un partido “salido de la cloaca”.

También estuvieron los problemas con los vicepresidentes, uno de ellos implicado en un caso de tráfico de influencias, que lo obligó a dimitir y la otra, una persona poco augusta con el viraje político de su líder, renunciando al partido que la llevó al cargo.

En lo que respecta al material humano del gobierno humalista, cabe recordar todos los cambios de ministerios, llegando a tener siete Presidentes del Consejo de ministros en casi cinco años de Gobierno, y la primera revocación de voto de confianza de un Gabinete en mas de 53 anios.

Y mientras todo esto ocurría los peruanos se sentían más inseguros en las calles y la economía se desaceleraba como no sucedía en buen tiempo.

Todos estos problemas políticos estuvieron enmarcados por escándalos: el caso de Martín Belaunde Lossio, las agendas que ‘no eran’ y que luego terminaron siendo de la Primera Dama, donde se revelarían ciertos manejos monetarios de dudosa procedencia; el caso del resguardo policial a la vivienda de Óscar López Meneses, las sospechosas y ostentosas compras de Nadine Heredia hechas con la tarjeta de una amiga cercana y el reglaje a la oposición ejecutado por la DINI. A ello, ya hasta se olvida las aventuras y los miles de millones de dólares en compra de helicópteros que hizo Alexis Humala, cuando todavía el Partido Nacionalista no era gobierno, las muertes por intoxicacion a manos de Quali Warma, un manejo de la regulación de AFP que deja que desear, en franca oposición a Pension 65, y una concentración de poder a manos de la mayor promoción de generales del Ejercito Peruano con mas ascensos al grado de General de Division

El gobierno de Ollanta Humala quizá, si las investigaciones de supuestos actos de corrupción destapan calaveras en el ropero de los implicados, pasará a la historia más como uno de escándalos y malos manejos que como uno de verdadero progreso. Se recordará como una pausa al crecimiento peruano que ojalá termine con el siguiente gobierno. ¡Gracias, Coronel Villafuerte!