Editorial: ¿Ideología de degeneración?

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Las largas horas de debate, que dicho sea de paso brillaron por la ausencia de destacados ppkausistas como Carlos Bruce, Alberto De Belaunde, Salvador Heresi, entre otros (o que si estuvieron presentes, jamás se les vio); llegaron a la conclusión de que se censurará al ministro de educación, Jaime Saavedra. Al menos así lo deja claro la bancada fujimorista, bancada que presentó la moción y que con sus 72 parlamentarios tiene de sobra para cumplir con los 66 votos requeridos para derribar al actual ministro de Educación.

Y lamentablemente, para variar, la ignorancia es siempre atrevida. Se censurará a un ministro que ha logrado en poco tiempo lo que en 16 años de estabilidad democrática no han podido lograr sus antecesores. Y nos referimos, pues, al austero, aunque importante, avance en los resultados de la Prueba Pisa 2015. A pesar de no ser contundentes es noble destacar que el país avizora una mejora. A ello hay que agregar un paquete de reformas educativas a nivel escolar y universitario, que se están empujando con el aval de dos gobiernos con objetivos ideológicos radicalmente opuestos, y nos referimos a los de Ollanta Humala y Pedro Pablo Kuczynski.

Queda claro que tanto en el ámbito escolar como en el universitario hay muchos ajustes que se pueden hacer (como varias aristas en la polémica Ley Universitaria) y, al mismo tiempo, múltiples críticas que se pueden elevar, sin embargo, ha sido recién con el ministro Saavedra que la educación ha pasado a ser una cuestión de Estado. Recién ahora se puede decir que se está haciendo un verdadero trabajo por dar solución a un problema que el Perú tiene desde hace mucho tiempo: la educación de mala calidad.

Son los logros de alguien que no pasa desapercibido en su cartera y cuyas cotidianas fotografías en su cuenta de flickr niegan la posibilidad de tildarlo como un ministro ausente y centralista. Por si fuera poco, hablamos de un ministro que paradójicamente congrega aplausos provenientes de la izquierda y de la derecha. Frenteamplistas, ppkausistas, humalistas y pepecistas han sabido reconocer sus méritos. En contraparte, aquellos partidos cuyos miembros tienen corroborados nexos con universidades privadas, han proclamado desde el inicio del mandato de Kuczynski que la ratificación de Saavedra en el Minedu es lo peor que ha podido hacer. En este conjunto se encuentran los fujimoristas y apristas.

Con todo ello, los detractores han encontrado excusas que –hay que decirlo con todas su letras- no convierten la figura de Saavedra en un personaje oscuro y corrupto. Los escándalos de los juegos panamericanos han tenido un corte de raíz y se están solucionando, a pesar de que Saavedra asumió el ministerio cuando ya se habían sembrado las malas semillas que brotarían al poco tiempo. De igual forma, las movidas corruptas de la ahora exfuncionaria del Minedu, Ruth Vilca Tasayco no tienen su origen en el gobierno de Humala: Surgió de las filas del fujimorismo y luego fue ratificada por el segundo mandato de Alan García. Esta corrosiva herencia  ha sido perjudicial para el país y si hay una responsabilidad por parte de Saavedra, antes la hay de quienes operaron la Educación durante los regímenes anteriores. Y ellos, ¿qué culpa asumen? Nadie se ha atrevido a responder..

Durante la interpelación no faltaron los congresistas, todos del fujimorismo, que alegaron la instauración de una ideología de género que busca depravar y mancillar a los niños y niñas del país. Con este argumento instaron a Saavedra a renunciar. Sin pruebas, sustento bibliográfico sobre esta corriente de pensamiento, ni amenazas visibles en una sociedad que comienza a ver mejoras en la calidad educativa ¿Qué podemos decir ante semejante acusación?

La amenaza sí existe y no proviene precisamente del titular de la cartera de Educación. Al contrario, proviene de un Congreso que ha degenerado las razones que llevaron a su formación. Uno que, por la mayoría fujimorista, demuestra que por encima de lo bueno o malo que pueda hacer el Ejecutivo, tendrán como objetivo saciar una rencilla arrastrada desde las elecciones. Una vendetta por los “tú no has cambiado, pelona” que, según parece, aún no han cicatrizado. Entonces, si de ideologías se trata, la que hoy gana más adherentes en el Congreso tiene que ser una ideología de degeneración, una que, sobre todas las cosas, procura destruir antes que construir, vengar antes de avanzar y, así, degenerar los objetivos de beneficio al país que debería tener el Congreso.