Editorial: Mala praxis

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Han pasado apenas dos meses y medio desde que inició el gobierno de Pedro Pablo Kuczynski y este ya se encuentra lidiando con su primer dolor de cabeza. El mal, esta vez, no viene en la forma de un escozor producido por la formidable oposición parlamentaria. En esta ocasión, más bien, la complicación llega como un tumorcillo maligno detectado en la testa del Ejecutivo y que sus principales representantes se han apresurado en extirpar, aunque, como sugieren los murmullos políticos, puede que el trajín de la citada extracción siga fastidiando al paciente por un tiempo más.

Y es que el caso de Carlos Moreno, conocido como ‘el negociazo’ (donde el citado personaje pretendió beneficiarse económicamente de un convenio entre el SIS y clínicas privadas con convenios con el Arzobispado), no terminó con la reacción de Kuczynski y sus adláteres de retirarlo de su puesto de asesor, a la postre han surgido una serie de cuestionamientos que el ejecutivo ha tenido dificultad para aclarar. De hecho, aunque es indudable que existió un esfuerzo para dar a entender que se reaccionó con presteza ante este episodio de corrupción, daría la impresión que el gobierno pudo haber hecho mucho más de lo que hizo. Partiendo, quizá, por ser más diligentes a la hora de elegir a los que flanquearían al Presidente en su día a día.

“Estar al lado del Presidente abre puertas”, se le escucha decir a Moreno en una de las grabaciones filtradas. Y al ex asesor no le falta razón. La cercanía con un poder como el que ostenta Kuczynski le otorga al que la tiene un sinfín de oportunidades, las mismas que pueden servir para el bien o, como lo demuestra Moreno, para el mal. Así, la responsabilidad de los actos cometidos por ciertos funcionarios cercanos al Ejecutivo, en ejercicio del poder que contagia la investidura, recae en quienes les han conferido el mismo. De esta forma, por ejemplo, Alberto Fujimori carga mucha de la culpa de las actividades de Vladimiro Montesinos porque fue él el que lo habilitó dándole un espacio a su costado. Y lo mismo ocurre con tantísimas personas que han procurado beneficios personales por codearse con el Presidente.

Nunca se puede ser demasiado cuidadoso cuando se trata de posiciones tan importantes en el mundo político y las circunstancias parecen dar a entender que la confianza que PPK le dio a Moreno no se sustentó en años de conocer a la persona o de la cercanía de la misma con la propuesta política del hoy Presidente. Kuczynski, según dice, conoció a su ex asesor cuando este era jefe del servicio de gastroenterología en el Hospital Loayza, sin embargo, parece que esto no implicó una declaratoria de afiliación política de parte de Moreno pues este, como han dado a saber otros medios de comunicación, fue cercano a otros líderes políticos en el pasado lejano y cercano.

Según una nota publicada en El Comercio, Moreno participó con el Partido Popular Cristiano (PPC) en la campaña del 2004 y 2005 e incluso fue quien confirmó la muerte del padre de Lourdes Flores Nano. Y solo en enero de este año Alan García anunció en un mitin que Moreno formaría parte de su equipo técnico. También cabe resaltar que el señor trabajó en el gobierno de Ollanta Humala, como asesor de Alberto Tejada en el Ministerio de Salud. Aunque bien estas cercanías con importantes representantes de la política nacional pueden responder a las cualidades técnicas del ex asesor presidencial (o a su sed de poder), la circunstancia de haber estado tan poco tiempo en las filas del pepekausismo, sugiere que la confianza que se le confirió era muy nueva cuando se rompió. Solo cabe preguntarse si, en efecto, los que lo llevaron al lugar donde llegó se preocuparon porque esa confianza tuviera asidero en la realidad.

No ayuda a la situación que, en un primer momento, Kuczynski le haya atribuido la renuncia de Carlos Moreno al ‘cansancio’. El hecho dio la impresión de que se quiso suavizar lo que verdaderamente ocurrió, solo reaccionando a la amenaza de que el caso llegara a los medios de comunicación, como sucedió. Así, Fernando Zavala se encargó de hacer público el comprensible ‘asco’ que les suscitó la situación.

“Nos están embarrando por nada”, dijo Kuczynski sobre la reciente turbulencia mediática que el caso ha traído. Lo cierto, no obstante, es que aunque sí se les ha embarrado, el barro no ha llegado de forma gratuita y, sin lugar a dudas, no ha sido por nada. Este es el primer (y ojalá el último) escándalo de corrupción de un gobierno que se ha comprometido a desterrar de plano todo acto de corrupción. Convendría, sin embargo, que se revise con minuciosidad quiénes acompañan al Presidente y así cerciorarse de que todos cumplan con la transparencia que el cargo exige. Si lo cumplen, a la hora de la hora, no se podría culpar al ejecutivo de mala praxis, como quizá, por este caso, se puede hacer hoy.