Editorial: Más allá de la prisión conyugal

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El último jueves, se dictó prisión preventiva contra el ex presidente Ollanta Humala y su esposa, Nadine Heredia, acusados de asociación para delinquir y lavado de activos. Días antes, el expresidente del Brasil, Luis Ignacio Lula da Silva era también condenado a prisión. Los socios políticos de ayer se enfrentan hoy a la justicia por serios cargos de corrupción y pasarán por las rejas. Lo que dice esto de la política peruana y latinoamericana es mucho, pero más sobre la izquierda moralizadora local.

Cada 5 años nos acostumbramos a ver a los abanderados del moralismo y la consciencia nacional proclamar sentencias y escoger candidatos en base únicamente a sus odios políticos. Esta lógica de escoger siempre al mal menor nos está comenzando a cobrar muy caro. Ese, lamentablemente, ha sido el talan de nuestra joven democracia. Al no habernos reconciliado con nuestro pasado, separado la paja del trigo y avanzado hacía un proyecto país viable, nos hemos acostumbrado a arañarnos entre tirios y troyanos, exponiendo nuestros prejuicios y miserias. Así las cosas, el resultado ha sido nefasto: Tenemos 2 presidentes tras las rejas y uno con orden de captura internacional, sin contar sobre él que penden grandes sospechas y acusaciones.

De la misma forma que votamos, con el hígado en la mano, la justicia carga similar ojeriza. Vemos entonces, como hay casos en los que se toman medidas con extrema severidad, excediendo lo razonable y otros donde más bien campea la impunidad. Y ese es justamente el problema, hay una falta absoluta de prudencia y templanza. Como resultado se comienza a opacar la sensación de justicia en nuestra sociedad. Por ello, creemos que en estas situaciones no se peca por cautela y reflexión. Al contrario, estas nos ayudan a evaluar no sólo el resultado privado del proceso, sino también la esfera pública y política.

Nos queda claro que los procesos de enjuiciamiento son positivos y desde esta trinchera aplaudimos cuando la justicia avanza contra la corrupción e impunidad. Sin embargo, debemos aconsejar ponderació severa, más cuando se trata de la política, donde los odios fácilmente hacen llegar la sangre al rio. Así es como la prisión preventiva contra un expresidente que aun no ha sido acusado formalmente, se nos muestra como un claro ejemplo donde la búsqueda de la verdad y el clima político pueden generar un cocktail de excesos que debilita el mismo proceso judicial. ¿Era necesaria dicha medida? ¿Había un real riesgo procesal? ¿No había medidas alternativas para enfrentar dicho riesgo? Para el juez y fiscal todo estaba meridianamente claro. A nosotros nos deja un sinsabor.

No podemos evitar rescatar la forma en que el expresidente Humala y su esposa han cumplido con todas las diligencia, incluyendo la última que concluyó con su encarcelación. Mientras tenemos otros ejemplos de fugas cinematográficas y exilios académicos, ellos no han escapado y están cumpliendo, victimizandose, pero cumpliendo. Y es ahí donde reside nuestra mayor preocupación, la presentación  de una justicia revanchista afectada por la conjetura fácil por un lado y absolutamente incompetente y dócil por otro. No hay nada peor que una justicia pendular e impredecible.

Finalmente, esperemos que en este caso, como en todos, prime la evaluación serena y legal que conlleve a una sentencia justa que responda de manera adecuada a los crímenes cometidos, evitando de esta manera la posibilidad de victimización de las partes.