[EDITORIAL] Memoria para sobrevivir

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La liberación del terrorista Peter Cárdenas Schulte volvió a poner en la agenda mediática, como una sombra escalofriante, caras asociadas con el MRTA y Sendero Luminoso. En modo de reacción muchas personas empezaron a tratar de crear conciencia y en el Congreso de la República se terminó por aprobar el texto substitutorio a la Ley de Partidos políticos que, entre otras cosas, termina por prohibir la participación de partidos cuyos fundadores hayan sido condenados o procesados por terrorismo y/o tráfico ilícito de drogas. Un golpe fuertísimo al Movadef que ya había planeado borrar de su ideario oficial el ‘pensamiento Gonzalo’, concepto ideológico que le había costado la inscripción anteriormente, para ser reconocido por el Jurado Nacional de Elecciones (JNE).

Si bien la liberación de terroristas genera zozobra y preocupación, en Lucidez entendemos que es el resultado del estado de derecho y hay que aceptarlo aunque duela y apuntar a que, por la vía institucional, los poderes pertinentes generen un marco legal donde no se le dé penas tan edulcoradas a gente que ha hecho tanto daño. Entendemos también que mucho de esto es culpa de ciertos representantes políticos que no supieron defender los intereses patrios ante los planteamientos de la Corte Interamericana de Derechos Humanos (CIDH). Pero sobre todo entendemos que el verdadero problema, hoy en día, no está en la liberación de terroristas o en los intentos de ciertos grupúsculos de insertarse en el sistema democrático que quieren ver caer; el problema está en la memoria.

El Frente de Unidad y Defensa del Pueblo Peruano (Fudepp), al que pertenece el Movadef y otros grupos de tinte radical como el etnocacerista, ha advertido que, de no lograr la inscripción en el registro de organizaciones políticas, apelarían a instituciones internacionales para “reclamar sus derechos”. Dada la reciente determinación del Congreso no sorprendería que ese sea el siguiente paso de este grupo de personas. Sin duda el Estado y el JNE tiene que hacer todo lo que la constitución y la ley le permita para evitar la entrada pero, en caso colapse esa línea de defensa, es fundamental armar a la población con la memoria. En el caso de que alguna de estas organizaciones alcance la legalidad será la responsabilidad de la ciudadanía derrotarla a punta de democracia. Sin embargo, una población desmemoriada y fácilmente engañada no va a estar preparada para esta lucha.

Con eso en cuenta, más atemorizante que el posible resurgimiento del terrorismo es la existente indiferencia con lo que sucedió. Este no es un asunto de cultura general, es un tema de supervivencia. Una sociedad tiene que internalizar sus experiencias, aceptar sus errores y reconocer sus aciertos para evolucionar y para crecer, si el olvido hace desaparecer la experiencia, estamos perdidos. Esto no solo se aplica al caso de los grupos de afiliación terrorista tratando de participar en la democracia ¿Qué libertad tendrían los terroristas tristemente liberados si la gente los recordara como lo que son? ¿Qué influencia tendrían ciertas ideas si no encontraran asidero al ser reconocidas como peligrosas?

Lo importante es que los peruanos recuerden lo sucedido. No se trata de compartir el terror y de abrir heridas, se trata de generar conciencia con el propósito de sobrevivir como democracia y como un país libre.