Editorial: Para todos

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El sábado 4 de marzo se llevará a cabo la marcha convocada por el colectivo ‘Con mis hijos no te metas’, que busca que se elimine del currículo escolar lo que ellos llaman “ideología de género”. Así, el propósito es que se elimine de dicho documento toda alusión a la palabra “género” ya que según los que lideran este movimiento, a través de ella, se manifiesta la tan temida doctrina que busca –según los que pregonan su presencia en el currículo– que los niños desconozcan el sexo con el que nacen, se conviertan en homosexuales, etc.

La forma cómo han construido el argumento contra el currículo escolar, sin duda, resulta interesante. Y es que se empeñan en retratarlo como un documento que perjudicaría a los niños, de esta manera apelando al instinto protector de los padres, y acusando la intención de imponer una ideología a través de él. Sin embargo, basta una revisión de los argumentos empleados por quienes luchan contra el Currículo Nacional para reparar en que la pasta de los mismos es todo menos contundente –por ejemplo el uso de la palabra ‘género’ parece ser la única pieza de evidencia que suelen usar– y, al mismo tiempo, la sola lectura de las partes del currículo que resultan polémicas basta para despejar cualquier preocupación.

Y es que, de hecho, lo que se propone a lograr el Currículo Nacional, es positivo (siempre y cuando se logre sintonizarlo con los alumnos y los docentes), especialmente en lo que respecta a ensanchar la libertad de los alumnos que estudiarán bajo sus directrices. El enfoque de “igualdad de género” propuesto por el Ministerio de Educación, no pretende desconocer la realidad biológica en la que nacieron los estudiantes, de hecho en una parte habla de la importancia de “tomar conciencia de sí mismo como hombre o mujer a partir de su imagen corporal, de su identidad sexual o de género y mediante la exploración y valoración de su cuerpo”. Lo que pretende, al hablar de “tomar conciencia […] de su identidad de género”, es que en el ambiente escolar se les permita manifestar no identidad, no enseñarles a tener una, sino a que se sepan libres para vivir la suya.

Sin embargo hay otra frase que deja el verdadero propósito de esta parte del currículo clarísimo: “transformar las diferentes situaciones de desigualdad de género, evitando el reforzamiento de estereotipos”. Y es que ahí está la clave de todo el asunto. Si algo se trata de impartir en este documento es la importancia de deshacerse de los estereotipos que suelen estar asociados con cómo una persona nació y cuya perpetuación no hacen más que limitar la libre expresión y desarrollo de la identidad de los alumnos. Por ejemplo, desde el punto de vista tradicional, la sola presencia de una vagina implica que quien la posee debe encontrar mayor placer en la cocina que, digamos, en el automovilismo o preferir jugar a las muñecas que batirse en una pichanga con sus amistades. Y es lo mismo del otro lado, tratando de imponer obligaciones a los hombres por el solo hecho de serlo.

Pretender atribuirle parámetros de conducta a alguien específicamente por el sexo con el que nació, resulta tan absurdo como hacerlo por alguna cualidad fenotípica, como decir que los de piel negra son criminales, los de ojos rasgados son buenos en matemáticas, o que los que tienen cualidades de gente del medio oriente son terroristas. Eso es lo que se busca combatir y qué mejor forma que hacerlo desde la escuela. En esa línea, el uso de la palabra ‘género’ busca alejarse de la carga social que implica el sexo biológico y permitir el desarrollo de la identidad individual, justamente evitando imponerle tipos de conducta específicos, por ello, resulta un poco quijotesco asegurar que se les trata, por ejemplo, de convertir en homosexuales.

Lo cierto, sin embargo, es que en el Perú se necesita inculcar la tolerancia y respeto por todos los estudiantes, vengan de donde vengan, sean como sean. La escuela tiene que ser un ambiente, no solo de formación académica, sino uno que propicie la libre formación de la identidad de los niños y adolescentes, aquella que solo les corresponde a ellos esculpir, sin que se les condene por ello. Sin duda, en lo que respecta a la tarea de profundizar el entendimiento de estos conceptos, el Currículo Nacional es un buen comienzo, pero solo un pequeño paso en un camino todavía muy largo que busca un país con tolerancia para todos.