[EDITORIAL] Sobre el feminismo

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El feminismo y la “ideología de género” son términos que hoy están en controversia, debido en parte a la transformación de los mismos desde una defensa por la igual dignidad de las personas, independientemente de su sexualidad, hacia un proyecto político, económico y social. En otras palabras, el feminismo es hoy una plataforma sobre la cual se desarrollan interpretaciones del mundo que van más allá de los derechos de las mujeres: desde el concepto de Estado hasta la conducción de la economía, el feminismo tiene una voz crítica y un proyecto alternativo que se elabora en base a “construcciones” sociales sobre lo masculino y lo femenino. Bajo esta visión, conceptos como “Estado”, “religión” y “autoridad” encierran valores netamente masculinos y por lo tanto son inherentemente machistas.

Es curioso, sin embargo, que el neo-feminismo no haga suyo y más bien se mantenga en silencio ante el caso de Malala Yousafzai, una joven que desde su propia fe musulmana trabaja a favor del acceso a educación de miles de mujeres en su natal Paquistán. Tal vez el mayor impedimento para que mujeres como Malala (o Aung San Suu Kyi en Birmania, quien es una budista practicante) sean el rostro del feminismo es que desacreditan el intento de muchos de sus militantes por hacer creer que un credo religioso, sea cual fuere, es inherentemente machista. En el Perú, esto se ha visto con mayor claridad en el debate en torno al aborto. Antes que responder a los cuestionamientos, muchos de ellos realizados estrictamente en términos seculares y jurídicos, algunos defensores de la despenalización han optado por utilizar falazmente a distintas instituciones religiosas como una suerte de hombre de paja.

Éste es precisamente el problema con el feminismo 2.0: en muchos casos resulta ser terriblemente reduccionista, de la misma forma que otras ideologías que llegaron a estar muy en boga en el pasado, como el marxismo o el freudianismo, lo fueron en su momento. Al utilizar el género como criterio absorbente para construir una filosofía política, los y las feministas dejan de lado otras dimensiones de la vida humana que son igualmente importantes (y preocupantes). Los recientes eventos en Charleston (EE.UU.), por ejemplo, muestran que la discriminación por género no es el único impedimento para la construcción de sociedades justas y prósperas en Occidente. Del mismo modo, pretender achacarle el rótulo de “machista” o “religioso-fundamentalista” a quienes no comparten una misma opinión en temas como el aborto es cometer el mismo error reduccionista de quienes acusan de terroristas a todas las personas de izquierda o de fascistas a las de derecha. Un tema tan delicado como el del aborto, especialmente en casos de violación, merece un mejor debate.

En vista de esto, y aunque resulte políticamente incorrecto decirlo, queremos dejar en claro que Lucidez no es feminista. Y no lo es por una sencilla razón: por la igualdad se lucha en distintos ámbitos y sin encontrar enemigos fantasmas en las creencias religiosas de otros.

Lo que este diario sí asume es un absoluto compromiso con la causa por la igualdad y la lucha contra la discriminación, sea por causa de sexo, raza, condición económica, religión u orientación sexual. Vemos con mucha preocupación, por ejemplo, que el Perú ocupe el segundo lugar de América Latina en feminicidios, por detrás de Colombia, y que el 38% de las mujeres en comunidades indígenas haya sufrido de violencia o abuso sexual, según cifras de CEPAL. Asimismo, es alarmante que en pleno siglo XXI las mujeres ganen 25% menos que sus pares hombres en empleos técnicos profesionales. Todos estos son temas que nos ocupan más allá de los rótulos y que merecen una acción más decidida por parte de las autoridades. Finalmente, y con la misma energía, rechazamos los insultos que por redes sociales y algunos medios de prensa se realizan contra otras personas con motivo de la fe que profesan. Discrepar con una persona con convicciones religiosas no es lo mismo que maltratarla por tener las mismas.

La discriminación por sexo u orientación sexual es tan terrible como la discriminación por creencia religiosa. Luchar contra una y azuzar la otra no es la receta para construir una mejor sociedad.