Editorial: Veinte años después

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Hoy se cumplen 20 años de la liberación de los rehenes de la casa del embajador de Japón. Luego de 125 días, donde los terroristas del MRTA retuvieron, a punta de rifle, a 72 personas, un grupo de comandos ejecutaron la Operación Chavín de Huantar, rescatando a los rehenes, matando a los 14 terroristas y perdiendo la vida de dos militares en acción, entre ellos, el Coronel Juan Valer. La acción fue celebrada por los medios nacionales e internacionales y su calidad reconocida por expertos de todo el mundo. Sin embargo, ha sido recién este año que la labor de los comandos ha sido celebrada como merecía ante el triste rechazo de la izquierda nacional.

Cabe celebrar, sin duda, que, aunque tarde, tanto el Congreso como el Ejecutivo hayan premiado a los comandos Chavín de Huantar. La comisión de defensa aprobó, por unanimidad, la propuesta de declarar héroes a los comandos y el presidente los condecoró con la Orden Militar de Ayacucho en el grado de Gran Cruz. No obstante, a pesar de todo ello, la actitud de ciertos líderes políticos ha dejado en la retina de la ciudadanía una seria preocupación.

Está el caso de Justiniano Apaza, por ejemplo, que dijo que los comandos “no son héroes” e incluso aseveró que algunos terroristas eran “presos políticos”. Sí, la reacción a este tipo de circunstancias siempre es de sorpresa, sin embargo, lo triste es que no es una actitud nueva del congresista y mucho menos de la izquierda nacional. De hecho, el Frente Amplio no ha dudado en ser complaciente con el terrorismo más de una vez, el mismo Apaza no descartó la posibilidad de que Peter Cárdenas Schulte pertenezca a su partido, la congresista Foronda firmó un pronunciamiento a favor Víctor Polay Campos e incluso, un otrora candidato al Congreso por el partido de la flor, Carlos Honores Yglesias, estuvo preso por el delito de terrorismo.

El caso más reciente, que parece más que nada un preocupante lapsus freudiano por parte de quien administra las redes del Frente Amplio, es un video que difundieron. En este no solo se critica la Operación Chavín de Huantar sino que, aparte, se usa una foto del funeral de la terrorista Edith Lagos como fondo para colocar el símbolo de su partido.

Claro, hay algunos al interior de la bancada que han reparado en lo nocivo que pueden ser estos exabruptos para la imagen del partido. Congresistas como Marco Arana y Marisa Glave se han apurado en deslindar de todos estos antecedentes. Empero, dadas las muestras que han dado anteriormente, más parece ser una acción que busca resguardar la percepción de la ciudadanía que un cabal gesto de rechazo.

Pero no es un actitud que no tenga sentido con la izquierda nacional. De hecho, si a esto se le suma la permisividad del Frente Amplio con la dictadura venezolana, se puede terminar por redondear las coordenadas políticas de la bancada, haciendo que se note su impronta radical, perdida en ilusiones revolucionarias, por encima de la fachada moderada.

Pero ante todo esto hay algo que queda sumamente claro. El terrorismo fue y es una de las pestes más nocivas que ha tenido nuestro país y sus filas las conformaron los seres más viles que ha conocido el Perú. Los comandos Chavin de Huantar fueron un faro que dio luz a la ciudadanía en una época sombría, no solo les devolvieron la esperanza a los rehenes rescatados, sino que nos la dieron a todos nosotros. Son héroes y que a nadie le quepa duda. Quienes niegan esto y prefieren llenar de eufemismos las atrocidades del terrorismo, insultan a todo un país y merecen el escarnio que ello implica.

Hoy celebramos la hazaña de los comandos Chavín de Huantar, el corazón y el agradecimiento de todos los peruanos está con ellos.