[EDITORIAL] Y ahora, ¿Qué “outsider” nos salvará?

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La carrera por la presidencia de la República aún no empieza formalmente, sin embargo los competidores ya van apareciendo por el campo de juego y más de uno quiere ser el jugador outsider de esta contienda. ¿Queremos los peruanos a un “outsider” que nos gobierne? ¿Es lo que necesitamos ahora mismo? ¿Tiene alguna posibilidad algún “outsider” de ganar las elecciones presidenciales?

Un “outsider” político es aquel que no pertenece a la “clase política” que ha ejercido o ejerce el poder en un país. Es aquel que no pertenece al establishment y cuyo reconocimiento o fama (mucha o poca) no se debe a sus logros en el campo de la política. Mientras que un político tradicional perteneciente al establishment presenta un discurso que es conocido porque lo ha defendido y difundido con anterioridad –ya sea él o su partido- un “outsider” suele tender al cuestionamiento del quehacer político tradicional, de sus formas y sus líderes (por ejemplo Alberto Fujimori que despreció y nunca creyó en los partidos políticos y sus líderes).

La estrategia del “outsider” siempre es distanciarse de todos lo que han tenido o tentado el poder antes que ellos y presentarse como el rostro nuevo –el cambio- de todos aquellos que han llegado antes y a quienes culpan de todos los males de un país. Hay ciertamente algunos rostros nuevos que llegan acompañados o promovidos por partidos que han estado con anterioridad (como el escritor Mario Vargas Llosa en 1990) y hay quienes irrumpen en el escenario con apenas lo mínimo para poder competir, estos últimos son los verdaderos “outsiders”.

En Lucidez creemos que la figura del outsider tiene cierta aceptación en la política peruana porque esta misma carece de verdaderos líderes y partidos que realmente representen a los distintos sectores de la población y le den sentido al debate –muchas veces hueco y desangelado- que se aprecia en el escenario político. Son pocos los partidos que tienen militantes, operadores y cuadros políticos que sean capaces de dirigir una campaña y hacer frente a un gobierno implementando sus iniciativas de gobierno. El discurso político ha cambiado y ya no se enfoca principalmente en propuestas económicas, políticas o sociales sino, más bien, en el liderazgo, la honestidad o la transparencia que pueda tener aquel que quiera dirigir el país. Este cambio en la manera de ver la política y a los políticos puede ser nefasto para los propios intereses de los ciudadanos y el mensaje que se transmite a los que quieren entrar a la política es que no es necesario tener un partido para gobernar.

Este diario considera que una visión tan simplista, como la expuesta en el párrafo anterior, peca de ilusa. Para gobernar bien un país, no basta una o un grupo de personas seguramente bien intencionadas y con mucha ilusión de querer mejorar al país. Gobernar requiere de personas con experiencia en la administración pública -tanto para la gestión como para la decisión- y a estos se les conoce en la cancha. El gran riesgo de ganar unas elecciones y recién armar al equipo para gobernar es caer en una inoperancia y llenarse de personas que se acercarán a la gestión pública más para buscar sus intereses personales que los del país en sí mismo.

En Lucidez creemos que la mejor manera de hacer política y tentar el sillón presidencial es no improvisando, mostrando las ideas con tiempo y hablando más con los hechos que con las palabras. No se puede dejar el destino de un país solamente a los pocos meses de campaña (que mientras menos mejor, como esperan los candidatos). Si realmente queremos crecer institucionalmente y no ser víctimas de más improvisados que no han sabido qué hacer en momentos críticos del país y han atentado contra la democracia en algunos casos. Es mejor, entonces, ser agudos en el juicio de quien puede gobernarnos y no darle carta en blanco a cualquier bien intencionado que nos quiera gobernar.