Educación que nada en petróleo, por Verushka Villavicencio

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Se inició el año escolar precedido por el desastroso derrame de petróleo para las comunidades indígenas de Amazonas y Loreto, debido a fugas que -todo indica-, no pudieron preverse por los técnicos de la administración del Oleoducto Norperuano operado por la empresa estatal Petroperú. El Ministerio del Ambiente sostuvo que no se instalaron monitores inteligentes dentro de los ductos para identificar daños al interior de las estructuras. Es decir, los derrames se ocasionaron por la obsolescencia del ducto que no ha tenido mantenimiento desde hace 42 años.

El resultado: DIGESA declaró la zona en emergencia por 90 días. El derrame fue de 2,000 barriles de petróleo que afectaron a 5 mil personas. Pero, ¿cuál es el impacto en las vidas de las niñas y niños de las 20 comunidades de la Amazonía?

El año pasado el Ministerio de Educación entregó a las comunidades indígenas el Plan Nacional de Educación Intercultural Bilingüe (EIB), en el cual se identificó 20,000 escuelas interculturales bilingües en el país. De ellas, 17,000 usan su lengua originaria como lengua materna y en 3,000 se enseña a los niños en castellano, desplazándose la lengua nativa como segunda lengua. El plan, producto de un proceso de consulta previa a siete comunidades indígenas, propone enseñar a las niñas y niños en sus comunidades con material educativo en 22 lenguas originarias además de capacitar a docentes en EIB.

Un reto importante del plan es que las niñas y niños deben asistir y permanecer en la escuela dentro de sus comunidades. Pero, ¿qué seguridad ofrecen esas comunidades cuya agua es no apta para el consumo humano teniendo en cuenta que probablemente los derrames continúen?  UNICEF ha solicitado al Estado que garantice que las niñas y niños no participen en la limpieza de los ríos, dado que según el presidente de la Organización Regional de los Pueblos Indígenas Amazónicos del Perú (ORPIAN) Edwin Montenegro, se ofrecía 10 soles por cada balde de crudo recogido del río.

El agua es la fuente de vida para las comunidades indígenas. Según los antropólogos, cuando se instala una fuente extractiva de recursos naturales, dentro de las comunidades se prioriza el rol del hombre y se destruye el de la mujer. Los hombres incrementan su consumo de alcohol y dejan de sembrar el campo, quebrándose la economía agrícola familiar. De otro lado, si bien no existen estudios que asocien el incremento de la violencia familiar al consumo de alcohol, para las mujeres indígenas, desde que sus parejas cambiaron el consumo del masato por la cerveza, sus vidas y las de sus hijos se tiñeron de sangre. Según las investigaciones del antropólogo Willie Guevara que lleva 30 años estudiando comunidades indígenas, se producen “pasivos subjetivos irremediables”. Entonces, ¿cuáles son las condiciones de salud dentro de la familia para que los niños aseguren su aprendizaje en la escuela?

No basta un plan para asegurar la calidad de la EIB a un millón de estudiantes. Es necesario que se adopte una intervención transversal con alternativas que aborden la educación desde varios frentes. Tampoco será suficiente que se logre reducir la brecha del 94% de docentes a nivel nacional que no cuentan con capacitación en EIB, según la Defensoría del Pueblo. El tema de fondo es que la desarticulación del Estado no permite un abordaje integral que genere desarrollo sostenible en salud, educación y empleo. Los esfuerzos desarticulados desgastan más al Estado y abren nuevas preguntas, por ejemplo: ¿qué sucedería si se incrementara la migración de los indígenas a las ciudades cercanas? ¿se podría generar un modelo educativo de EIB en contextos urbanos? Este tema es un reto en el plan y situaciones como el último derrame de petróleo pueden acelerar el problema. Se trata de 60 derrames en 15 años, en promedio un derrame por cada tres meses. Mientras esperamos un nuevo derrame, la EIB para las niñas y niños de la selva no mejorará sin un abordaje estratégico.

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