Egoísmo en tiempos de cuarentena, por Carlos Arias

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Juana es una señora de 45 años de edad. Vive en Lima, la capital. De ocupación, vendedora mayorista en el mercado de frutas, en La Victoria. Tiene 3 hijos, 2 de ellos menores de edad, y el primogénito de 22 años. Viven en el Asentamiento Humano “Trabajo y Progreso”, y digamos que no le iba tan mal en el negocio, lograba tener las suficientes ventas por día para poder llevar algo a casa y tener qué comer.

Su hijo, el mayor de edad, responde al nombre de Pedro. Estudiante universitario de la carrera de ingeniería, con muchas ganas y empeño de salir adelante y ser un sustento en su casa, para poder apoyar a su madre con el sostén de la familia. Por las mañanas – en verano – solía vender helados en la Avenida Nicolás Ayllón, y por las tardes se dedicaba a ser asistente de mecánica.

Sí, Juana y Pedro se dedicaban a tales actividades, que ahora no pueden realizarlas, por la orden de inamovilidad obligatoria por parte del gobierno, a fin de evitar la propagación masiva del virus.

Entonces, surge la interrogante: Y ahora que no pueden salir de sus casas ¿con qué dinero van a pasar estos días? Lamentablemente, no figuran en el padrón de personas en condición de pobreza; por tanto, no son beneficiarios del bono de 380 soles (para 2 semanas), y ya se les está acabando lo poco que habían ahorrado.

Si bien, el presidente Martín Vizcarra no es de mi devoción, en algo concuerdo con él. Y es que muy bien dijo hace algunos días en sus mensajes a la nación (que ya se han vuelto costumbre a las 12 m. de cada día): “Si las personas se mueven, el virus se mueve”. Algo tan fácil y sencillo de entender, pero creo que a algunos todavía les cuesta hacerlo, o a lo mejor no resulta tan “simple” como parece.

Como país, estamos atravesando una de las batallas más duras de estos últimos 20 años. Si bien es natural que el ser humano, piense en sí mismo y en su beneficio personal, considero que, en estos tiempos, debemos ser aún más solidarios con el otro.

Buena suerte de los que tengan qué comer, cómo divertirse y pasar la cuarentena en familia y de manera tranquila, sin mayores necesidades. Desafortunadamente, no es la realidad de todos. Así como Juana y su familia, hay miles más que cumplir este mandato, no significa días de aburrimiento ni de vacaciones, sino una gran preocupación por lograr mantenerse a lo largo de estas semanas.

Si queremos ganar esta batalla, todos debemos cumplir -de manera estricta- la inamovilidad dictada por el presidente. A la fecha, ya vamos 6,848 casos de contagio y más de 150 pérdidas humanas. Tal vez, las cifras sigan aumentando, pero estoy seguro que, si tomamos conciencia del gran problema que nos aqueja y acatamos a rajatabla la cuarentena, llegaremos al pico lo más pronto y la curva comenzará a descender.

Pensemos en los más vulnerables, no solo en nosotros.

 

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