El accidente de la Javier Prado, por Eduardo Herrera

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Desde hace algún tiempo el país se ha judicializado. Resulta “normal”, hoy, hacer una encuesta para determinar la responsabilidad legal de una persona. Sí, así como lo lee. Quizá escrito suena distinto, pero es la realidad. La justicia plebiscitaria.

El accidente de la Javier Prado no ha sido la excepción. Primero para determinar las causas. Afloraron miles de teorías y especulaciones. Ahora no solo tenemos constitucionalistas en todos lados, sino que también varios expertos en accidentes de tránsito y derecho penal.

No falta la repetición constante -empalagosamente morbosa- del vídeo en el cual se aprecia a la camioneta derrapando y tumbándose, como pinos de bowling, a los tres desafortunados de turno. Cero nivel de empatía. Una y otra vez, algún familiar nuestro muriendo en cadena nacional desde varios ángulos. No sé si a ustedes les sucedió, pero el vídeo yo lo recibí de primera mano, antes que sea propalado en los noticieros, vía whast app.

La liberación de la causante mereció también, por qué no, todo un debate jurídico. Quienes enarbolan -casi siempre- el argumento de la discriminación, inmediatamente salieron a señalar que la justicia depende del color de la piel. No puedo descartarlo, sin embargo, mi teoría, y algo creo saber de eso, es que acá podría haber existido una “ayudadita remunerada muy fina” al extender el plazo de las investigaciones; y claro, la Constitución no permite la detención excesiva. Listo el pollo, libertad.   La deficiencia del sistema de justicia poco tiene que ver, en este tipo de casos, con cuestiones raciales o sociales. El barómetro, es estrictamente uno: cuánto tienes, cuánto vales. Por si no fuera poco, para darle aderezo al comestible morboso y especulativo, Inmediatamente luego de esto, el órgano de control interno, sacó un pronunciamiento “express” señalando su disconformidad con la liberación. A gusto del comensal.

La pregunta del millón no estuvo ausente ¿cree usted que fue correctamente liberada la imputada? Millones de respuesta también emergieron: toda persona que conduce y causa un accidente debe ir presa, si hay fallecido que la metan a la cárcel y cosas así de lo más estrambóticas. Pese a ello, y aunque resulte antipático, debo de recordar que la justicia no debe atender a cuestiones que no estén en el caso y no sean las estrictamente legales. La justicia no es popular, aunque pueda tener efectos populares (o impopulares).

Pero todo esto tiene, sin duda, algo positivo, si cabe el término. Nos estamos dando cuenta en vivo y en directo, acerca de las incoherencias de nuestra justicia. De la precariedad, de la inseguridad que pende sobre todos aquellos que vivimos en riesgo en caer en las redes de nuestro sistema. Dios nos libre. Por eso es momento histórico, momentum, para darle luz verde a la reforma tan esperada, postergada, parchada, maquillada, publicitaria y teorizada del sistema. Es momento de hacerlo porque la próxima víctima puede ser quien está leyendo este artículo.