El amor en tiempos del Coronavirus, por Verushka Villavicencio

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Werner Reich comienza su discurso en TEDEX con esta frase: “sólo con el corazón se puede ver bien, lo esencial es invisible a los ojos”, recordando el libro de “El Principito” del aviador francés Antoine de Saint-Exupéry, para ejemplificar su historia como prisionero sobreviviente de los campos de concentración de Auschwitz y Mauthausen. Durante su encierro, un mago judío llevado por los alemanes para entretenerlos le enseñó -una noche fría donde reinaba el hambre y la incertidumbre-, un truco de magia con la baraja. Ese truco le abrió las puertas de la sobrevivencia en Estados Unidos y le dio de comer convirtiéndolo en un reconocido mago que hasta hoy, a los 91 años y ya jubilado, les cuenta a los escolares como un acto de bondad le cambió la vida. Ese hombre luego de un día intenso de trabajo, limpiando letrinas y cargando basura, se dio tiempo para compartir con él una acción sencilla con el único fin de crearle una sonrisa. Ese acto sencillo le cambió la vida a Reich.

En tiempos del Coronavirus, ¿qué es la bondadɁ A decir de los psicólogos, la bondad son una serie de acciones que colaboran en darle felicidad a otra persona. A veces, estos actos implican que una persona disminuya la satisfacción de sus propios intereses a cambio de que la otra reciba más satisfacciones. En este caso, quien recibe el acto generoso, si es una persona bien constituida emocionalmente, lo devolverá con un acto de gratitud. Pero, tanto para la bondad como para la gratitud son necesarios dos corazones dispuestos para dar y recibir.

El concepto de bondad es sumamente amplio pues acoge todas las acciones que podamos efectuar por otra persona. Sentir la alegría o el malestar del otro, conocido como empatía sería el primer paso, hacia el desarrollo de la bondad.  Y buscar darle una solución a la situación que acongoja a la otra persona, sería el segundo, conocido como compasión.

Hoy en todo el mundo hemos regresado a nuestras pequeñas comunidades: nuestras familias. Padres y madres con sus hijos, abuelos con sus nietos y todos los tipos de familias que existen en el mundo. Estamos conviviendo 7 por 24 horas y por primera vez tenemos todo el tiempo para mirarnos unos a otros, sin apuros. Empatía y compasión se presentan como regalos para nuestra acción, el tema es que no sabemos cómo demostrarlo con la naturalidad de la convivencia sentida desde lo profundo. Estamos acostumbrados a suplir necesidades materiales pero no emocionales ni espirituales. ¿Cómo percibir al otro desde la observación y el silencioɁ

En tiempos del Coronavirus así como en la magistral obra de Gabriel García Márquez, “El amor en los Tiempos del Cólera”, tenemos la oportunidad de percibirnos sin palabras, solo observando al otro. Comprender sus emociones, su sentimientos y aceptarlos aunque no los compartamos resulta una tarea que todos estamos empezando a emprender.

Más aún, aunque deseáramos abrazarnos, besarnos y tocarnos, no podemos para evitar el traslado del virus que pudimos traer de la calle. Significa que tenemos que descubrir otras formas de conectarnos con quienes amamos para darles afecto sincero. Resulta paradójico que no podamos conectarnos físicamente y que tengamos que recurrir a las expresiones faciales, las acciones y la palabra para amar y dejarnos amar en casa. Estamos empezando a revalorar el uso de la palabra como medio para profundizar nuestra conexión con el otro. Palabra que buscaría reflexionar, aprender en conjunto, divertirse, pero sobre todo, se trata de una palabra que pueda brindar esperanza, alegría, humor capaz de seducir con sus conceptos novedosos y sus disrupciones. Pero la palabra se forma en el cerebro y el cerebro actúa por hábitos. Programar nuestros cerebros para brindar afecto es una tarea que demanda que tengamos hábitos sanos.

Si el 90% de nuestras acciones derivan de nuestro inconsciente a decir del afamado psicólogo Omar Villalobos, y sólo controlamos el 10%, significa que ahora podemos darnos la oportunidad de dejarnos ser en casa, sin controles que nos repriman para buscar formas de expresar el afecto en actos de bondad con nuestras familias. Regresar a lo esencial más allá de las formas, siguiendo el ejemplo de Albert Einstein que se inmortalizó en nuestras memorias cuando le sacó la lengua al mundo el día que recibió el Premio Nobel. Disrupción que hoy en día nos muestra que es posible burlarse de la ciencia de la razón para cederle el paso a la ciencia del corazón.

El amor en los tiempos del Coronavirus ya tiene ejemplos de actos de bondad de unos con los otros, cada vez que alguien sale a tocar un instrumento al balcón de su edificio para que otros escuchemos la música, cada vez que alguien compra víveres para un adulto mayor del edificio donde vivimos para que no salga, cuando las monjitas fabrican mascarillas para las enfermeras, cuando un empresario paga la planilla de 700 trabajadores de la su negocio la panadería San Antonio antes de que acabe el mes en medio de la cuarentena y cada vez que cantamos a las 8 pm por nuestros médicos, enfermeras, policías, serenos, bomberos y todos los que nos cuidan en la distancia. Cada uno de nosotros puede crear e innovar nuevos actos de bondad.

Y es que “El amor en los tiempos del Coronavirus” nos da la oportunidad de expresar actos de bondad que nos devuelvan nuestra humanidad.