¿El año de la incertidumbre?, por Alfredo Gildemeister

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Terminó el año 2018, año que puede definirse como muy entretenido en todo sentido. A mediados del mes de enero tuvimos la visita de su Santidad el Papa Francisco, visita inolvidable que no olvidaremos y que quedó muy gravada en el corazón de los peruanos. Luego se nos vino marzo con la renuncia de Pedro Pablo Kuczynski a la presidencia de la República en medio de un pedido de vacancia por corrupción; en seguida comenzaron los partidos preparatorios para el Mundial de fútbol Rusia 2018 y la celebración del mismo Mundial hasta mediados del mes de julio, con lo cual todos vibramos alentando a nuestra selección en cada partido siendo nuestra barra la mejor de todo el campeonato. En todos estos eventos se nos pasó medio año muy entretenido. Inmediatamente terminado el Mundial vino el anuncio del presidente Vizcarra para la celebración de un referéndum a fin de año y comenzaron las campañas para las elecciones municipales del 7 de octubre. Una vez pasadas las elecciones municipales, se empalmó con una agresiva campaña por parte del gobierno para inducir el voto del referéndum con lo cual se nos vino el 9 de diciembre, fecha del referéndum y con ello prácticamente se nos fue el 2018. Un año, como repito, en que los peruanos estuvimos muy “entretenidos” por cierto. Pero, realmente, ¿Cómo le fue al país en el 2018? ¿Cómo le fue a la economía peruana, a las inversiones, la reconstrucción con cambios, el problema de la corrupción y a la solución de los demás urgentes problemas nacionales? Simplemente muy mal.

Para nadie es un secreto que la economía continúa estancada -si no en franco retroceso-; el costo de vida sube semana a semana (las amas de casa que van cada día al mercado lo saben muy bien), la pobreza y el desempleo aumentan y la inversión pública está prácticamente en cero. Para muestra, allí están las obras detenidas de la autopista Ramiro Prialé “in secula seculorum”, así como otras vías importantes. En cuanto a la inversión privada sucede prácticamente lo mismo: se encuentran paralizadas. Hace un par de meses, en el mes de octubre, mes de elaboración de presupuestos para el próximo año en las empresas, pregunté a mis alumnos de postgrado cómo estaban planteando sus presupuestos. ¿Saben lo que me contestaron? “Como si siguiera gobernando Humala y PPK”, esto es, presupuestos conservadores, bajando costos por donde se pueda, sin inversiones importantes o ninguna. ¿A qué se debía esto, pregunté? “A la falta de confianza” me respondieron todos. El presidente Vizcarra no ha logrado ganarse la confianza del empresariado ni de los inversionistas, ya sean nacionales o extranjeros. Lamentablemente -me dijeron mis alumnos empresarios- el país está paralizado económicamente. Y la confianza no se logra por decreto, ni con discursos bonitos, promesas ni demagogias. La economía es así. Hay que generar confianza y el año 2018 no ha sido definitivamente el año de la confianza en la economía ni del crecimiento de las inversiones. Todo lo contrario. Allí están las cifras que lo corroboran.

En cuanto a la tan mentada “reconstrucción con cambios”, por mas que el presidente nos diga lo que quiera, los peruanos apreciamos que no se ha avanzado ni un 20%. Basta ver la situación en Piura, Tumbes, etc. y aquí no mas en las afueras de Lima, en Carapongo, la situación es la misma que hace dos años cuando vino el Niño Costero, los huaycos y el Rimac se desbordó. Allí sigue el “puente provisional” Bailey sobre el Huaycoloro en plena Ramiro Prialé para recordárnoslo. Y lo peor es que se nos viene ya otro Niño, ya se le siente venir en el norte con las lluvias que ya se iniciaron y aquí en la misma Lima el calor va haciéndose cada día insoportable. Veremos qué sucederá, pero para todo el mundo esto es una crónica mas de una muerte anunciada, en donde la improvisación -posiblemente la corrupción también- y la falta de previsión se imponen para variar una vez mas en nuestro improvisado país. Por último, el problema de la terrible corrupción generada por el caso Lavajato -ergo Odebrecht- simplemente se mantiene prácticamente igual, pues no se detiene o captura a sus principales involucrados, no se ve avance alguno ni medidas certeras y determinantes, continuando esto en una especie de “dejar hacer, deja pasar” inalterable, dando la impresión que por mas que el presidente proclame a voz en cuello que la “lucha contra la corrupción” es un hecho, prácticamente nadie o muy pocos le creen.

¿Cómo se viene el 2019? Comenzamos el nuevo año con un gobierno que confronta a los demás poderes del Estado. Confronta al Congreso y presiona a la Fiscalía y al Poder Judicial en muchos aspectos. De otro lado, iniciamos el nuevo año con un Congreso debilitado, acobardado, dividido -más aún con la ilegal creación de nuevas “bancadas”- y con el principal partido de oposición sin liderazgo alguno, dividido en diversas facciones y prácticamente sin brújula, sin la capacidad de decisión y firmeza como para defender el Estado de Derecho y las instituciones democráticas, tan intervenidas e influenciadas por el Poder Ejecutivo. ¿Qué esperamos del nuevo año? Que el presidente gobierne, que tome las decisiones urgentes y necesarias para que el país arranque motores; que respete las instituciones y la separación de Poderes del Estado, que deje de interferir, presionar y amenazar a las instituciones democráticas y a los otros poderes del Estado como si se tratara de una especie de monarca o caudillo dictatorial. Debe dar confianza a los inversionistas, pues dice y proclama una cosa, pero en la práctica hace otra. Debe entender que el Perú no es su chacra sino una democracia y un Estado de Derecho. Representa a todos los peruanos. Así mismo, su “lucha contra la corrupción” suena a broma, pues cuenta con una Fiscalía que selectivamente acusa y detiene a unos, pero no toca a los principales implicados en el caso Lavajato y con pruebas mas que contundentes. De allí que suene a chiste su “lucha contra la corrupción”. Ya tuvimos un 2018 muy “entretenido”. Ahora los peruanos quieren soluciones concretas a los urgentes problemas del país. Por todo ello, los peruanos queremos un mejor año, un presidente que tome decisiones y que resuelva los urgentes y graves problemas que afectan al país. De lo contrario, mejor que convoque a elecciones generales y se vaya a su casa. Así de simple, así de práctico. No queremos mas incertidumbres. No queremos que el 2019 sea otro año de la incertidumbre.

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