El cáncer del Perú: la informalidad

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La informalidad es un problema que todos saben que existe; todos saben que se debe corregir; pero nadie hace nada. ¿Por qué? Creo yo que es por la complejidad del problema, por ende la complejidad de la solución y porque la misma definición de informalidad no queda clara. Antes que nada, hay que diferenciar entre el sector informal y el empleo informal.

El sector informal es aquel conformado por todas las unidades productivas que no pagan impuestos o no tienen RUC. Por otro lado, el empleo informal lo constituyen los trabajadores que no cuentan con un trabajo cuyo empleador brinde todos los beneficios laborales de ley. De estas dos definiciones podemos asumir dos cosas: (i) todo trabajador de una empresa del sector informal, tiene un empleo informal; y (ii) el empleo informal siempre será mayor al sector informal, pues abarca también trabajadores empleados informalmente en una empresa del sector formal.

Ahora, ¿Qué origina que una empresa nunca se formalice? Acá comienzan las suposiciones y los debates sobre los verdaderos determinantes de la informalidad. Existe una amplia literatura sobre estudios realizados en diversos países con modelos econométricos que buscan hallar eso. La verdad es que los números no aguantan las variables claves por la cual la informalidad en el Perú es tan alta. Un mercado laboral sumamente rígido, un salario mínimo calculado para Lima pero aplicado en todo el país, un alto nivel de corrupción y una pésima capacidad para aplicar sanciones son los ingredientes perfectos para tener una situación como la peruana.

¿Qué tan perjudicial es la informalidad? Un estudio realizado por Friedrich Schneider el año pasado demuestra que en Colombia (país con similar nivel de informalidad que nosotros) hubiera tenido 0% de informalidad en los últimos 15 años, hoy su PBI sería 10% más alto. Si bien no hay un estudio similar para Perú, bien se podría deducir que se podría encontrar un resultado similar.

Si ya tenemos una idea de que ocasiona la informalidad, y sabemos lo importante que puede llegar a ser su erradicación. ¿Qué le toca al Perú legislar para fomentar la formalización?

En primer lugar, hace tiempo que necesitamos una reforma donde se flexibilice el mercado laboral, para que sea: (i) más fácil despedir (siempre con supervisión para evitar el abuso, pero mayor facilidad para despedir se traduce en mayor facilidad para contratar), (ii) se abaraten los costos extra salariales y (iii) se aumente la competencia entre los trabajadores, aumentando la productividad.

En segundo lugar, necesitamos darnos cuentas de nuestra heterogénea realidad económica. No todas las regiones son iguales a Lima, por lo que no podemos darnos el lujo de tener un mismo sueldo mínimo para todas las regiones y creer que está bien. Finalmente, tenemos que mejorar las instituciones de nuestro país, para así disminuir la corrupción y tener mecanismos eficaces de supervisión, detección y ejecución de sanciones para quienes no paguen impuestos.

Son cambios fuertes, de largo plazo y que no van a ser fáciles. La flexibilización del mercado laboral implica un recorte de beneficios para quienes tenemos un empleo formal, pero como mencioné en mi artículo sobre la famosa “Ley Pulpin”, es necesario por el bienestar común. Esperemos que el siguiente Presidente tenga este problema priorizado en su agenda, y sea de los primeros problemas que ataque.