El candidato abstracto, por Nathan Sztrancman

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A mí, que además de ser columnista soy universitario y muchas veces no se sabe de qué voy, me dijeron hace unos meses que Julio Guzmán era el candidato outsider. Hoy en día ser outsider tiene mucho que ver con no tener un apellido que haya ocupado Palacio de Gobierno antes, así que outsiders venimos a ser todos nosotros.

Me dijeron que era el voto que la gente se estaba guardando, a lo que respondí que la gente se debería guardar muchísimas cosas más. En la vida hay que fabricarse personajes, y yo cuando veo en la calle que alguien saca el celular a tomarse un selfie, pienso que en realidad quieren sacarme una foto a mí para revelarle a un servicio secreto que sí estoy, y dónde. Bajo el mismo umbral, Julio Guzmán vive lo que los selfies callejeros pero es partícipe aún también; se esfuerza a crear un contexto en el que no sabe si se prepara para una entrevista o para ser Presidente.

En ese elegante cuadro abstracto donde vemos lo que queremos ver una línea roja o azul puede ser el toque definitivo para desmontar lo kafkiano del candidato. Cuando me contaron sobre el candidato outsider un compañero me dijo que Julio Guzmán tenía que elegir entre el progreso de nuestro país o la derecha. Otro compañero me dijo que Julio Guzmán tenía que elegir entre el progreso de nuestro país o la izquierda. Los junté, y para ellos Julio Guzmán y Julio Guzmán son dos candidatos totalmente incompatibles. Tenían razón.

Las sensaciones normalmente las explicamos con instintos jungianos. Luego uno puede equivocarse o no, que es lo que nos hace más humanos. A donde nuestro raciocinio no puede llegar, recurrimos a explicar de alguna manera oculta algo crucial sobre un candidato. Es como decir que parece “honesto”. Se decía antes naturalmente sobre un cura o una persona de la tercera edad — antes, digo —, pero ahora, de manera atrevida, se utiliza espiritualmente. Enfocar a Julio Guzmán y escuchar a alguien decir “no parece corrupto”.

Comprometerse políticamente es un arte. Julio Guzmán lo hace de manera tan sutil que ni él sabe si lo está haciendo, lo cual no es menos noble que mentir y decir que sí se comprometen. Cuando vi la entrevistas de Julio Guzmán le comenté a mis compañeros que de seguir respondiendo así, acabaría por ser ningún candidato y todos al mismo tiempo. Algo parecido con lo que se hace con un ensayo escrito sin plan ni ideas; darte cuenta de que te sobran algunas palabras, y te faltan todas las demás

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