El Candidato Humberto Lay

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El arquitecto Humberto Lay se lanza como candidato a la presidencia de la República, como de costumbre. Compite en edad, o lo gana, con Pedro Pablo Kuczynski. Compite a sabiendas de que no va a ser presidente de la república. Simplemente, sigue una consigna: colocar congresistas de su grupo político parlamentario Unión Regional y de su partido político Restauración Nacional, para tener un grupo de presión dentro del parlamento peruano. Posiblemente, por su avanzada edad, ya no quiere volver a ser parlamentario.

Durante su desempeño en el Congreso, ya sea por ser uno de los más veteranos, ya sea por ser honrado –salvo prueba en contrario-, o ya sea porque ha sido pastor protestante, este político supo ganarse la confianza de sus pares para integrar e incluso presidir la Comisión de Ética del Congreso. Y a pesar de que otorongo no come otorongo –regla de oro- acusó a 23 parlamentarios de faltas éticas, de las cuales 13 acusaciones fueron aprobadas por el Congreso; y deja seis casos de corrupción al voto, para ser vistos en el pleno del primer poder del Estado.

Se lanzó en la costa norte, en Chiclayo, otrora terreno aprista. Y renunció a la Comisión de Ética, para evitar caer en conflicto de intereses. Con esos dos gestos, ha llamado la atención de los medios de comunicación. La opinión pública toma nota que será uno de los candidatos chicos, en el rubro ‘otros’; y pasa la página. Sin embargo, siempre ha tenido algunos recursos económicos y apoyo de personal en sus campañas. Alguien lo financia, lo que no está mal.

Yo no le tengo simpatía política ni votaré por él, ni creo que gane la presidencia, pero le quitará unos cuantos votos a uno y a otro, lo que contribuirá a tener que ir todos los electores inevitablemente la segunda vuelta. Y pasará sal olvido, como cualquier otro de los candidatos que no sean los tres grandes: Keiko, Pedro Pablo y Alan, en orden de prioridad de voluntad de voto, según el retrato de las últimas encuestas.